miércoles, 17 de julio de 2013

Cuestión de entendimiento

                                            

   Cuando llamé a mi novio, lo noté con muy pocas ganas de salir a dar una vuelta. No podía decirse que fuera un problema en nuestra relación. Sencillamente, se había comprado un órgano electrónico para manejarlo desde el ordenador, no entendía las instrucciones, y le daba mucha rabia tener que dejar de investigar.


   —¿Pensabas dejarme por un aparato con teclas? Dije, bromeando, comprensivamente.
   Mario sonrió.
   —No, Lucía. Es que ya había empezado a aprender un poco; solo un poco, a aprender el manejo del programa. Se llama "Fl Studio".



   Le pregunté si había leído las instrucciones, a lo que me dijo, que estaban en inglés. Me preguntó si podía ir al día siguiente a su casa, para ver si yo tenía más suerte que él, pues era muy torpe en cuestión de idiomas. Eso hice. Mario tenía motivos para no entender el manejo del aparato, pero en vez de aplicar una estrategia de entendimiento, se ponía a activar las opciones del menú, sin ton ni son. Creo, sinceramente, que esa es una mala forma de aprender a usar las cosas.



   —¿Qué significa “fade”, Lucía? ¿Por qué si le doy a este botón, me sale la opción de tocar el teclado, y si le doy a este otro que está cerca, me sale un menú de sonidos? ¿Qué significa la palabra ”midi”?
   Con paciencia y tranquilidad nos pasamos toda la tarde investigando el dichosos programita.  Creo que hice bien en acudir en ayuda de Mario. Es un buen chico, pero tozudo como una mula. Si le hubiera dejado solo, habría tardado un par de meses, o incluso más. Pero cuando pensé que sus dudas estaban más o menos resueltas, me enseñó un documento en formato “PDF”. En apariencia eran las instrucciones, pero estaban en inglés y alemán.




   —¿Ahora me sales con eso? Podríamos haberlo traducido en internet.
   —No te confundas. Este es el manual del órgano, no del programa.
   —Pero si no tiene mucho que aprender. Lo conectas al “USB”, le das al botón de encendido, y ya está.
   Mario se quedó pensativo.
   —Así que esta ranura se llama USB….
   —¿No lo ves? Lo pone ahí, mismo.
   —¡Ah, vale! Lo leí mal. Yo creía que ponía “USA”. O sea, “made in Usa”; “fabricado en los Estados Unidos” ¡Je, je, je!


   Mario me propuso quedarme al día siguiente por la tarde, para seguir curioseando. Me negué a ello, tozudamente.
   —El órgano funciona. Ya hemos aprendido a manejar el programa ese ¿Qué más quieres? Le dije, algo indignada.
   —Es que me gusta tu forma de desenvolverte. Lo digo en serio.
   Su observación me hizo sonreír.
   —Gracias. No me cabe ninguna duda, de que hablas en serio.
   —Lo que lamento, es que no sepas hablar alemán.
   —Pues no lo lamentes tanto, y ponte a estudiar. Si te encontraras muy apurado, podrías recurrir a una empresa de traduccón ¿vale?
   Mi novio se echó a reír ¿Es lógico aprender idiomas para aprenderse el manual de instrucciones de un órgano electrónico? Le di una pequeña charla, exponiendo las múltiples ventajas de saber desenvolverse en otras lenguas.
   —Tú eres un ferviente admirador de los libros de “J. Tolkien” pero si supieras inglés, te gustaría más. Muchas obras maestras al ser traducidas a otros idiomas pierden gran parte de la esencia original. De esa manera podrías entender con mayor facilidad, lo que sintió el autor cuando las escribió.



   Finalmente, quedamos en que tras dejarme en mi casa, haría un pequeño “sacrificio”. Esa noche no vería el fútbol, y se pondría a traducir las dichosas instrucciones. Me alegré por él.



   Al día siguiente sentí curiosidad, y le pregunté cómo le fue.
   —Bien. Era simplemente un documento en el que explicaba el plazo de la garantía y sus limitaciones. Pero era un texto tan largo y detallado, que creí que sería algo de vital importancia. Había una dirección a la que escribir en caso de duda. Como pronto me voy a pasar al Windows 8, le mandé un email, preguntando dónde encontrar los drivers.



   —¿Tuviste dificultad para redactar la pregunta?
   —Un poco. Por eso la hice en inglés, español y alemán. Luego le pedí disculpas en ambos idiomas, por si la redacción del texto no fuera de su agrado. Imagino, que lo que no entienda en uno, lo entenderá en otro. No creo que el encargado de un servicio técnico tenga muchas dificultades en saber las dudas que tiene el cliente.
   —Supongo que las palabras “drivers” y “Windows 8” ya lo dicen todo.
   Tras dar una vuelta, sonó el teléfono móvil de Mario. Tenía un mensaje escrito.
   —Es del servicio técnico. Me ha dado la dirección de los drivers ¿Me lo puedes traducir? Dijo Mario mientras me daba el móvil.
   Eché un vistazo al mensaje. Al leerlo, no pude evitar una sonrisa.
   “If you wish, you can write in Spanish, but I have an obligation to respond in English.” Que traducido significa: "Si lo desea, usted puede escribirme en español, pero yo tengo la obligación de responderle en inglés".
   Firmado: Ramón Sánchez.
   Servicio técnico de "Electronic Music Soft".
   Austria


   
  

 

       

viernes, 12 de julio de 2013

Encuentro en la capital


                                                       



   Mi nombre es Lucas, nací a principios de los años sesenta, y bendito el día que tuve la idea que tuve de comentar en mi blog, anunciando mi visita a Madrid, para asistir a la boda de un pariente mío. Uno de mis visitantes, (muy escandaloso, por cierto) se ofreció a acompañarme durante mi vista. Le dije que iba a ser una cosa breve, no más de dos días. A lo que me dijo, que "estupendo, socio. En cuarenta y ocho horas hay tiempo de hacer muchas cosas". Le insistí, que probablemente, saldría de la boda algo bebido, a lo que respondió, que eso era mucho mejor. Así estaría en mejores condiciones de acompañarle.



   Me di por vencido, y accedí. Por la mañana iría a la boda, descansaría un par de horas, y por la noche quedaría con él. Ese hombre se hacía llamar “Jaujaro” en los foros por los que frecuentaba. Su blog era repulsivo, pero por motivos diplomáticos le dije que era encantador. Era frecuentemente expulsado por saltarse las normas, insultar a los foreros y faltarles el respeto. Le pregunté por correo privado, el motivo de su extraño seudónimo, a lo que respondió:

   “Cuando estuve en el “cole”, en aquella época en la que España no tenía democracia, tuve a un profesor muy riguroso. Una vez, mientras aprendía a escribir mi nombre, que es “Jenaro”, el muy bellaco, me arrebató el cuaderno, y dijo en tono de mofa, que ahí ponía “Jaujaro”. Luego me lo lanzó a la cara, y me dijo que aprendiera a escribir bien mi nombre. En adelante, me llamó “Jaujaro” durante el resto del curso. Los compañeros me llamaron igual, y cuando me conecté a internet, una mala inspiración me hizo recuperar ese alias para mi cuenta. En realidad, no suena tan mal ¿Eh?”.

   Por lo tanto, ese hombre era de edad cercana a la mía. Bien, otro punto más a favor del encuentro. Era de esperar que nos entenderíamos mejor.



 Cuando llegué al lugar de la cita, me encontré con un hombre calvo como yo, que vestía una chaqueta negra de cuero. Bueno, eso me lo esperaba. Su blog tenía muchas fotos de ella. El me reconoció, enseguida. Le mandé un par de fotos recientes, antes de quedar.
   —Buenas noches, “Lucano”. Dijo, llamándome por mi “nick”. Encantado de conocerte. Ven, vamos a dar una vuelta. Dijo, mientras abría la puerta de su coche.
   Me gustó el Madrid nocturno, y sus llamativas luces. No sé por qué motivo, me acordé de esa musiquita de finales de los 70, "Heart of glass" del grupo "Blondie". Seguramente, porque me recordaba mis tiempos de juventud, en los que salía con mis amigos de juerga. Estos son otros tiempos, pero al ser mi acompañante de edad cercana a la mía, fue inevitable recordar esa maravillosa canción.



   Jaujaro no paraba de hablar. Temía que acabáramos chocando con algún semáforo.
   —¿Te gusta el flamenco, socio? Podríamos ir al Corral de la Morería. Es un sitio estupendo ¡No veas, qué ambientazo!



   Esa era una sorpresa inesperada. A mí, el flamenco, ni me gusta ni me disgusta; pero no pensaba que pudiera gustarle a él.

   —Gracias, pero mejor, vámonos a un lugar más discreto. Un pub tranquilito, podría ser suficiente.
   —Como quieras, socio. Se me está ocurriendo un sitio; a ver si acierto.

   El coche estuvo un buen rato, dando vueltas. Pasamos por el monumento de La Cibeles, al menos tres veces. Eso me inquietó. Le hice esa observación, y se echó a reír.


   —Bueno, es que aunque nací en Madrid , me pasé gran parte de mi vida en Málaga. He vuelto a mi tierra de nacimiento hace tan solo dos meses, y aún no conozco bien la ciudad. Pero tú, tranquilo, colega. Esto es un pañuelo, y no tardaré mucho en conocerla.



   Finalmente, decidimos ir al pub “Irish Rover”; un sitio realmente acogedor. Era increíble lo que hablaba mi reciente amigo ¿Habría alguna forma de hacerle callar? Cuando sonaba la música, se esforzaba por hablar más alto. Me invitó a una cerveza, luego a otra, y a otra. Temí, que acabaría sintiéndome mal. Entonces, le dije que no podía más, y que por favor me llevara al hotel Clement Barajas que era el lugar donde me alojaba. No hubo problema.

   —Faltaría más, socio. Eres al amo. Dijo con amabilidad.

   Debo admitir que la despedida resultó un poco triste. Mis temores y mi extenuación por la celebración de la boda, me impidieron pasar una noche mejor.

   —Bueno, ya nos encontraremos otro día que te encuentres mejor ¿No?
   —Seguro que sí, Jenaro. Hasta pronto.
   —Hasta pronto, Lucas.

   Apenas se alejó el coche, pegué un tropezón, y me caí al suelo.

   Bruscamente, descubro que estaba dormido. Había sido un sueño. Miro el reloj. Falta media hora para la cita. Me arreglo a toda prisa, un poco malhumorado por la noche que me espera. 


Suena el teléfono móvil. Es Jenaro.  Voy a su encuentro, y al verlo en persona me llevo una ligera decepción.  El Jenaro real no tiene coche.

   —Vamos a andar un ratito. Eso nos sentará bien para la salud.

   También descubro que es poco hablador. Con voz indecisa, me pregunta si me parece bien que vayamos a un pub. Le digo que sí. Moralmente no se parece tanto al Jenaro con el que soñé, pero tras un rato charlando, se anima más. Tal vez, sea todo cuestión de confianza. Por mi parte, aprendí la lección gracias al sueño. Como salga a la calle con juicios preconcebidos, lo pasaré mal. Hay que dejarse llevar por el ambiente.  

miércoles, 10 de julio de 2013

Inspiración poética


  



 Inspiración, eso es lo que busca el solitario poeta en los tranquilos campos de la llanura segoviana. El canto monótono de las cigarras lo acompañan en su caminata. La hierba cruje bajo sus cansados pies. Lleva un par de horas andando, y el cansancio empieza a hacer mella en él. Por ese motivo hace un último esfuerzo para subir a una empinada colina. Cuando llega, se sienta en el suelo con algo de brusquedad. De su mochila saca una cantimplora. Por mucho que le guste estar en armonía con la naturaleza, no puede evitar una sensación de agobio al beber el agua. Está caliente, pero no es de extrañar. La inclemencia del sol a sus espaldas se ha cobrado su tributo. Coge su gorra, y con la visera se abanica como puede.

 Está atardeciendo. Coge la libreta y un lápiz. Se pone a escribir, pero no es su día. Las rimas no encajan, y sus pensamientos parecen estar en otra parte. Se dice a sí mismo, que las estrellas, la luna y el sol, ya han sido representados en el papel en multitudes de ocasiones. Son la “sota, caballo y rey”, de todo hombre inspirado ¿Qué novedad puede añadir él, a lo que otros ilustres escritores ya aportaron en su día?

   "¡Ah, no, espera! ¡Qué torpe soy! Me olvido del viento, el mar, la brisa y el amor. Aunque esto último, mejor no mencionarlo. Aún no me he recuperado del todo, de ese brutal desengaño, sufrido hace más de seis meses". Se dice a sí, mismo.


   Entonces, escucha el apasionado canto de un pájaro, que parece estar despidiéndose del astro amarillo, y dando la bienvenida a la blanca esfera lunar, ya visible en el amplio horizonte. Parece un ruiseñor. Eso le ayuda un poco y se pone a escribir.



 Pero otros sonidos mucho menos apacibles lo ponen en alerta; son los mosquitos. Como se descuide, se cebarán con él, y le llenarán el cuerpo de molestas picaduras.

   El poeta piensa que ha escogido un mal día. Para colmo, la punta del lápiz se le rompe. Coge el sacapuntas y lo afila, pero eso no evita que lo interprete como una especie de negación divina a sus propósitos. Piensa que lo mejor es volver a su casa, e intentar escribir en otro momento más propicio.



   A lo lejos, un murmullo lejano de tono festivo, llama su atención. Unas llamativas luces de un ancho edificio que parece un mesón, le atraen. Ha oído hablar de ese acogedor lugar es la   finca El Rancho ¿Qué tal si se acercase por allí, a tomar algo, y dejarse llevar por el ambiente? No necesita pensárselo mucho, y tras guardar el cuaderno en la mochila, se levanta. Mira con cara de asco la cantimplora, y lanza su líquido contenido al suelo. A continuación, se pone en marcha hacia ese acogedor lugar.


domingo, 7 de julio de 2013

Fin del descanso, San Fermín, y otros recuerdos


   Estaba un poco en duda, si tomarme el descanso durante todo el verano, o darle un empujoncito al blog. Porque las personas somos así. Como nos entre la flojera, nos relajamos y no hacemos nada. De hecho, basta con ver las fechas de mis posts para saber que se llevó un buen tiempo inactivo, hasta que me decidí darle vida. Así que, no me lo pensé mucho. 

   Bien, ya estamos en San Fermín. Nunca he asistido a esas fiestas, pero por un motivo u otro, no pocas veces he tenido motivos para recordarlas. Uno de ellos era cuando me iba de acampada con los boys scouts. En al menos tres ocasiones, me cogió San Fermín, fuera de mi Cádiz natal. De hecho, cuando pocos años después fuí al cuartel de instrucción de Cerro Muriano, me sorprendí mucho, que la jura de bandera no cayera ese día, y lo tuviese de permiso.
   Cuando en 2.011 hice un curso de diseño gráfico, también me tocó San Fermín. No era nada relevante, simplemente, era un día más. Pero nuestro profesor era de Pamplona, y le preguntábamos si no echaba de menos las festividades de su tierra. Como tenía poco más de treinta años, nos dijo que más que las fiestas, echaba de menos a su familia; en especial, a una hermana que estaba enferma.

   Guardo muy buenos recuerdos de ese curso. Aprendimos a manejar el "Illustrator", para hacer dibujos vectoriales, y el "InDesign" para maquetar texos. También, un poco de Photoshop. No mucho, porque nos quedamos sin tiempo. Otra de las cosas que nos enseñó, "Jose" el profesor fueron varias páginas en las que las empresas o particulares, en vez de contratar a un diseñador gráfico para crear un logo; hacían concursos y pagaban el elegido por ellos.  Bueno, no solo logos, también tarjetas de visitas, folletos de publicidad, etcétera.

   Yo no gané ninguno. De hecho, parecía imposible con tanto participante. Y cuantos más participaban, más rigurosos se ponían los promotores. Hasta el punto, de que cancelaban el concurso, y lo hacían repetir....pagando los derechos.




   Estos son varios de los logos que presenté, pero no gané. 

   Este logo no es mío, sino de un compañero muy gracioso, llamado Paco. Al concursar para hacer el logo de una inmobiliaria, puso el palomo ahorcado, quitó las letras y en su lugar puso un irónico "Benditas hipotecas". Se ganó la admiración de los participantes, pero fue borrado por los dueños de la página, por considerar que se le estaba faltando el respeto al promotor del concurso.

   Con el tiempo, tres o cuatro compañeros se llevaron algún premio. Uno de ellos, un par de veces. Al terminar el curso, el profesor tuvo curiosidad por saber quiénes de sus alumnos seguían participando, y solo estaba el que ganó las dos veces; y al parecer, durante estos dos años, ha ganado varios más. 

   Lo cierto, es que gracias al Illustrator, ya tengo una herramienta más para dibujar, y gracias al InDesign, ya puedo editar los textos, pues el word se me da muy mal para eso. Siempre me salía alguna línea descentrada. Pero trabajito me costó aprender el InDesign. Tanto era así, que a pesar de tener las mismas herramientas gráficas que el Illustrator, preferíamos usarlo solo para textos.