sábado, 19 de diciembre de 2015

Ocho relatos para pasar un atardecer entretenido


Esta semana terminé de editar los ocho relatos que escribí, hace tiempo, y recopilé en un libro. Son:

-Día del baño
-El hombre encerrado
-Unidad 14
-El banquete de los orcos
-Las dos tribus
-Por algo será
-La cuarta orden
-El drakkar

A destacar que "El banquete de los orcos" fue el primero que escribí de todos, durante esa calurosa última semana de junio del año 2.004. En las dos tribus, los protagonistas son la mayoría de los personajes del anterior, pero ocupados en un asunto distinto, por lo que no sabría decir cuál es el primero y cuál el segundo. Por supuesto, me planteé hacer una tercera parte, pero los argumentos me parecieron insuficientes. 

Día del baño es el más conocido de mis relatos. El protagonista es "Pancho", el perrito con malos modales que no se quiere bañar. La cuarta orden fue el resultado de mi ingenio para participar en un concurso de ficción mensual de la web "Bubok". Aquí vemos a unos intrusos del planeta Tierra, molestando con su presencia a los marcianos. No os extrañe que los terrestres sean los malos. Eso es frecuente en mis historias. No quedé muy bien puntuado, pero meses más tarde, algunos usuarios tuvieron que admitir que se mandaban emails para puntuarse entre colegas. 

Por algo será, creo que algunos lo habréis leído, pues lo puse en esta página, y también en otro blog; Se trata de un hombre que se encuentra unas armas medievales, junto a un contenedor de basura. El hombre encerrado es un guiño a la serie "El hada Mercurita". Un conductor de coche discute con unas niñas por ponerse a jugar en medio de la carretera, y cuando quiere salir del coche, resulta que no puede. 

El drakkar es el más reciente. A un borrachín le da la impresión de haber visto un barco vikingo en el mar, pero la gente se ríe de él.

En Unidad 14, nuevamente los siniestros terrestres se dedican a meter sus narices fuera de su planeta, esta vez en un asteroide, al que mandan esclavos mecánicos para explotar sus recursos. La sobreexplotada Unidad 14, se avería por ese motivo. Cuando la arreglan para que siga trabajando, se vuelve loca y se pone a hacer destrozos de todo tipo. Este relato sustituyó a "las cinco manchas", uno de los primeros relatos que hice en el 2.004. Once años después, pensé que sería mejor prolongarlo. Y en esas estoy, en estos momentos. Las cinco manchas narra la historia de dos estudiantes del siglo XVI que conocen a dos chicas y salen con ellas. Pero la actitud de estas es algo misteriosa, provocando que uno de ellos decida romper la relación.

Pensaba aprender a usar el programa "Blender" tras editar los ocho relatos, pero como siga así....Espero poder hacerlo, tras "limpiar" :) las cinco manchas.

Ah, sí. La foto la hice con el teléfono móvil. Pensé que no tendría calidad suficiente como para ser la portada de un libro. Pero parece que sí.

martes, 8 de diciembre de 2015

El libro extraviado



       Si no recuerdo mal, lo compré a mediados de los años 90. en Sevilla, aprovechando la festividad del día de la Virgen del Rosario, que era fiesta en Cádiz, pero no en el resto de España. 
       Pues bien, entre los años 2.007 o quizás 2.008, mientras yo estaba en unos cursillos y mi hermana, trabajando, mis sobrinos se tuvieron que quedar en mi casa, tras salir de clase, en espera de que sus padres vinieran a recogerlos.
Ambos le habían cogido cariño a mi pequeña habitación. Mi sobrino encendía el ordenador, y con los juegos que ya había instalado, pensados para él, no había problema. Pero ¿Y mi sobrina? ¡No hubo problema! La imaginación infantil lo sustituye todo. Ella jugaba a ser profesora...y mis libros eran sus alumnos.

      Sentada en el suelo de mi habitación, tenía los libros alineados, al lado de la puerta de entrada a mi cuarto. En esas circunstancias, lo único que podía hacer era quitarme los zapatos y sentarme en mi cama, como un naufrago en su mini isla desierta.

        Pasado el tiempo, eché de menos al libro mencionado. Me acordé de que ella ponía aparte a los alumnos que se portaban mal, y se olvidaba de recogerlos. Parece que "Alejandrito" se portó, extremadamente mal, porque no lo encontraba por ningún sitio. Le pregunté, pero no se acordaba. Miré por todas partes y ¡Nada! No había forma.

       En pleno verano del año 2.015 tocó hacer unos arreglos en la cocina y estuvimos moviendo tiestos de un sitio a otro para facilitar el arreglo. Entonces me da por mirar en una bolsa de plástico ¡Ahí estaba Alejandrito! Con otros tiestos más. Le pregunté a mi madre, dónde lo había encontrado. Me dijo, que debajo de la guía del teléfono ¡Con razón no aparecía! Y eso que lo tenía, casi delante. Pero estando Internet tan de moda ¿Quién usa la guía para buscar un número de teléfono? Cogí el teléfono móvil, le hice una foto al dichoso libro, y se la pasé a mi sobrna. ella me dijo: 

       "Me suena. Sí que me suena ese libro".

       Más de siete años pasó perdido. Ahora está en mi cuarto, tal vez, esperando que los hijos de mis sobrinos jueguen con él, y lo pierdan de nuevo.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Tienda





Esta tienda está compuesta por las obras literarias del autor, Antonio Pedro Grande Rey y también por objetos personalizados, como gorras y camisetas.

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Sección literaria

La componen los recopilatorios de relatos y las series, "el hada Mercurita" y "Las aventuras de Star Gordo", que se pondrán ea la venta cuando estén disponibles.

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OCHO RELATOS PARA PASAR UN ATARDECER ENTRETENIDO

El autor presenta en este libro ocho relatos de ficción de diverso tipo. Cualquier hora del día es buena para la lectura, pero el atardecer es la antesala de la noche, y por lo tanto, una buena ocasión para que la ficción y la fantasía fluyan con más libertad sobre tu mente.

Algunos no están recomendados para los menores de edad. Haz click en el enlace de abajo para saber más sobre la obra.


http://camarotecapitan.blogspot.com.es/2016/12/ocho-relatos-para-pasar-un-atardecer.html



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Las aventuras de Star Gordo, un universo de esperanzas

Este es el primer libro de la serie "Las aventuras de Star Gordo". Es de ciencia ficción y de aventuras. El protagonista, "Tonio Saincho", es descendiente de una familia terrestre, que se fue a vivir a un planeta semi desértico del "Binomio Galáctico". Cuando sus familiares van falleciendo, de muerte natural, y harto de soportar la administración de la herencia familiar por su tirano y alcohólico tío, decide un día irse a escondidas hacia otro planeta más próspero. Pero su búsqueda por un futuro mejor se verá interrumpida, y sin pretenderlo, Tonio acabará formando parte de una fascinante aventura espacial.

 ¿Quieres saber más? Haz click en el enlace de abajo

https://www.blogger.com/blogger.g?blogID=6425242285974232654#editor/target=post;postID=7908956525500125152
















El autor

Sed bienvenidos a esta página. Mi nombre es Antonio, y nací en Cádiz, España. Uso con frecuencia el seudónimo "Tio Antonio" en internet. A finales de junio del año 2.004 sentí la llamada de la literatura. Me gustan la ficción y la fantasía, aunque últimamente, escribo de todo un poco. He participado en diversos concursos de relatos, y mi mejor puntuación fue en octubre del 2.007, durante el concurso de relatos de ficción, de la web de literatura "Grupobuho", quedando en el segundo lugar.


Obras literarias del autor

   La obra literaria de Antonio Pedro Grande Rey podría decirse que se divide en tres partes; relatos cortos de ficción y fantasía, además de las series; las aventuras de Star Gordo (ciencia ficción), y el hada Mercurita (fantasía).

Star Gordo 

       -Star Gordo es un hijo de padres terrestres, que ha emigrado a otra galaxia en busca de un trabajo honrado y formar una familia. Pero sus planes serán bruscamente interrumpidos, y sin pretenderlo, se convertirá en el protagonista de una apasionante aventura espacial.

 
El hada Mercurita

        -El hada Mercurita cuenta la historia de una niña traviesa que un día descubre que tiene poderes extraordinarios. Por ese motivo sueña con ser un hada, y pretende estudiar en una escuela mágica para adiestrar sus facultades y ayudar a la gente sencilla en sus problemas. Trabajo no le va a faltar en la violenta "Tierra Yrena", cuyo estilo de vida se parece en mucho al de la Baja Edad Media Europea.





lunes, 30 de noviembre de 2015

La conquista del Oeste



       La conquista del Oeste es una película hecha a principios de los años 60, que por fin conseguí ver. A mediados de los 70 intenté verla en el cine de mi escuela, un domingo. Se lo comenté a mi hermana y a un primo, por si querían acompañarnos. Mi primo iría con un amigo, y yo, con ella. Esa peli era una de las muchas de las cuales yo tenía su banda sonora en el casette. Me gustaban tanto, que tenía a mi familia, aburrada, de tanto escucharla. Cuando me gustaba la música, pensaba que la película sería buena.

       Mi primo vivía más cerca que yo del lugar donde iban a ponerla. Se asomó, temprano, para ver si había mucha gente. Se sorprendió, al ver la enorme cola de chavales que querían verla. Decidió quedarse y pidió a su amigo, que avisara a su madre para que nos dijera a mi hermana y a mí, que nos diéramos prisa. Cuando llegamos, se habían agotado las entradas.

       Hace unos cuantos días, volvi a acordarme de la peli: Gracias a la magia de internet, pude verla. En cartelera había muchos nombres de actores conocidos, pero yo solo reconocí a tres; George Peppard, Rock Hudson y Marion Morrison. A este último, tal vez lo conozcáis mejor por su nombre artístico, que era "John Wayne" ;)

      La peli consta de cinco historias. Si la hubiese visto de pequeño,  me habría parecido interesante. De mayor, me parece anticuada y un poco aburrida, casi insultante, por la forma que tiene de hablar de los indios y llamarlos "civilización salvaje", así como del beneficio de la civilización occidental...respaldada de cerca por los "cuchillos largos".

       Pasé una noche entretenida, viéndola. Pero la quinta historia me costó trabajo verla. Me estaba quedando dormido. Pero sería injusto culpar a la película, ya que había dormido mal. Bueno, pues ya está. Un asuntito pendiente, menos. Recuerdo que de niño, otro primo muy guasón, decía haber visto todas las pelis. Y si no era así, se la inventaba. A estas alturas sabía que no iba a ver a ningún capitán federal, llevando una ametralladora "Gatling", liándose a tiros con los confederados. Cosas de mi primito :). Para ver algo parecido a eso, había que esperar a los años 90, y ver la película "Depredador", en la que los hombres de Arnold Schwartzeneger llevan una Gatling más actual en sus incursiones.

sábado, 17 de octubre de 2015

Lo siento, Elvis



  En la entrada de la biblioteca hay una exposición sobre Elvis Presley. Carteles, discos, muñecos, etcétera. Un verdadero espectáculo visual. Eso me hace reflexionar. No soy fan de él.
Recuerdo que el día de su fallecimiento, en 1.977, fui a casa de mi primo. Este, muy sorprendido, me dijo, nada más llegar, que había muerto. Yo, que no sabía quién era, ni me sonaba su nombre, me limité a decir: "Vaya por Dios, lo siento". De inmediato, vino uno de sus amigos, que muy sofocado, traía la misma noticia. Pocos minutos más tarde, vino otro que dijo lo mismo, nada más llegar. Dadas las circunstancias fingí estar apenado también, ya que estaba claro que Elvis fue importante. Así era.
Siento tener que decir, que a pesar de mis esfuerzos, el tipo de música que solía cantar, no era grata a mis oídos. Había varios temas marchosos suyos, como el rock de la cárcel, que sí me gustaban, pero estaba lejos de ser su fan. No lo aborrecía, pero tampoco me gustaba  Eso no me impedía reconocer que tenía calidad artística.
Recuerdo que a mediados de los 90, un grupo llamado "Pet Shop Boys" sacó una canción que me gustaba mucho, titulada "You are always on my mind" que me encantó. Un amigo mío, me dijo que era una versión del mismo título de un tema de Elvis Presley. Me quedé sorprendido.
Creo que fue un día de reyes, cuando el novio de mi hermana le regaló un disco doble de los grandes éxitos del archiconocido autor. Ella estaba ansiosa por escucharlo. Yo, no tanto, pero pensé que esa sería una buena ocasión de reconciliarme con Elvis ¿Quién sabe? A lo mejor, podría ocurrirme como con "Queen", que los temas conocidos no me gustaban, pero los menos conocidos, sí. A mi petición, mi hermana puso Always on my mind. Pero el tema era muy distinto, a la versión de los PSB.
También recuerdo, a mediados de los años 90, que hablando con unos amigos, uno dijo que un periodista había descubierto que Elvis seguía con vida, apartado del mundo. Había hablado con él, e incluso le había hecho un par de fotos. Escribió un libro, narrando con detalle su experiencia.
Nos echamos a reír. De ese suceso se habían escritos miles de páginas y nada parecía indicar que Elvis siguiera vivo. Pero nuestro interlocutor sabía más del personaje, de lo que imaginábamos. Al parecer, su entierro había sido tan discreto, que bien podría ser falso, además de dar muchos otros detalles enigmáticos, entre ellos, que era un colaborador del FBI, y que en una redada delató, en persona, a un vendedor de droga, y por ese motivo prefería estar oculto, a salvo de las represalias. Otro amigo exclamó:
"Vivo o muerto, Elvis ya cantó, todo lo que tenía que cantar".

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Un curioso aniversario



Con todo lo que tengo en la cabeza, hoy, miércoles 30 de septiembre del 2.015, casi me olvido, de que se cumplen 20 años de un aniversario destacable para mí.

La historia empieza unos días atrás, del mismo mes, pero de 1.995. Mi hermana quería ir a Tenerife con su marido y su hijo, de apenas un añito. Me preguntó, si quería ir con ellos. Yo, que soy muy poco dado a viajar, sobre todo, porque me mareo, tengo miedo a perderme y me entra la nostalgia, dije que no. En aquellos días, estaba en la droguería, trabajando. Una cliente de la que no tenía buena opinión, entró hecha una fiera, y sin motivo alguno, se puso a gritar:

"¡Niño" ¿Dónde está mis cinco mil pesetas? ¿Eh? ¡Mis cinco mil pesestas!

Yo le dije que no tenía, ni idea, de lo que me estaba hablando. Mi madre intentó tranquilizarla, y le preguntó si estaba segura de que se le habian perdido allí. Ella admitió que no lo sabía. Pero no por ello, dejó de pedir su dinero, a gritos.

Harto de sus malos modales, repliqué, de la misma manera. Pedí a mi madre que no le hiciera caso, y se fuera a por sus cinco mil pesetas a otra parte. Fue, entonces, cuando se marchó. Más tarde, nos enteremos de que había ido a varias tiendas del barrio a pedir su dinero, de forma parecida. Por culpa del suceso, durante un par de días, estuve muy inquieto y nervioso. Tal vez fuera ese, el motivo que me hizo cambiar de opinión. Iría con mi hermana y su familia a Tenerife.

Fue una decisión acertada. El lugar es encantador. Lo único que lamenté, fue no encontrar la dirección de un compañero de la mili que vivía allí, y que me hubiera gustado saber qué fue de él. No era el único. También conocí a otro, muy guasón, que cuando se metía con alguien, incluso conmigo, le decía la palabra "machango", que al parecer, quier decir, "monigote, muñequito, o persona poco suelta". Ví a dos niños, jugando, y uno de ellos llamó al otro, de manera amistosa, así. Me hizo
sonreír.

Al ojear los sitios que podríamos visitar, encontramos un submarino turístico. Te sentabas, mirabas por unos cristales, y  veías el fondo del mar. Pero temieron que mi sobrinito podría asustarse, y me pidieron que me montar, yo solo. Mi amor a los submarinos era público y notorio en mi familia. Casi podría decirse, que viajar en uno de ellos, era el sueño de mi vida.

Los pasajeros que nos queríamos montar, nos amontonamos cerca del submarino, que recuerdo, que se llamaba "Golden Trout". Era amarillo, como el de los Beatles, y muy parecido a éste. Dos personas nos miraron, que seguramente serían el capitán y un tripulante más. Creyendo que ninguna hablábamos castellano, dijo en voz alta:

-"¡Osú! Qué poca gente hay hoy ¿Qué hacemos?

-¿Qué vamos a hacer, sino arrancar e irnos?

En la superficie había un barquito, pendiente de nuestra situación. En vez de periscopio, había una pantalla de televisión. Mientras veíamos el fondo marino, escuchábamos música instrumental, como Enya, Kitaro, etcétera. De vez en cuando, veíamos algún barquito hundido, o restos de algún naufragio, y peces. El capitán, nos hablaba, brevemente, en varios idiomas, explicándonos la situación. El paseito duró, poco más de media hora. Una vez en la superficie, el capitán nos entregó unos diplomas en el que constaba la experiencia. Casi olvido mencionar, que a medida que bajábamos, una chica nos hacía fotos, por sorpresa. La compré, por supuesto. Un día como aquel, valía la pena de recordar, pese a ser treinta; un número, que por cierto, me trae mala suerte, ya que en el colegio, le tocó a un compañero bocazas, con el que a veces me llevaba mal, y otras, bien. Pero por culpa de los malos ratos, aborrecí ese número. El chaval está más que perdonado, pero la maldición del treinta, continúa.

Otra cosa mala que me sucedió, fue la cámara de video, que tanto sacrificio me costó reunir el dinero para comprarla. Resulta, que al subir el submarino a la superficie, me puse a filmar a mi alrededor. De repente, noto unas gotitas de agua salada en mi mano. Me había puesto, justo debajo de la torreta del submarino, y estaba goteando. Parece ser, que cayó agua en el interior de la cámara, porque en adelante, dejó de ir bien. La mandaba a arreglar, y cuando parecía que ya estaba el problema solucionado, volvía a resurgir, en el momento más inoportuno. Así resistí, cinco años más, hasta que en el 2.000, me compré otra, que por desgracia era del mismo tipo, para que se pudieran ver las cintas de ocho milímetros que tenía.

A pesar del percance, no me arrepiento de la experiencia. Ni siquiera que el día cayera en treinta. Es más, la foto, la tengo colgada en el pasillo de mi casa y con orgullo.

lunes, 14 de septiembre de 2015

“MEI”; un curioso hallazgo

     
  La torre del Pirulí, construída en 1.992. 
Los montículos de abajo eran en 1.987 unos montículos de
arena roja, repleta de escombros, hierros retorcidos y 
porquerías de todo tipo. En uno de ellos encontramos el
hallazgo

      Es muy probable que sucediera a principios del año 1.987, pocos meses después de que mi primo pasara por un suceso doloroso. Tal vez fuera por eso, que recuerdo, más o menos, la fecha en que ocurrió lo que voy a contaros. Íbamos él y yo, un frío domingo por la mañana, cerca de la playa, “Santa María del Mar”, cuando al pasar por una vieja escombrera se dio cuenta de un detalle que le llamó la atención.
      Bajamos y nos llevamos una sorpresa. Vimos una losa blanca, muy pesada, con una inscripción, evidentemente romana. Ponía “MEI”. Era una losa de mármol, rota. Tal vez midiera 50 centímetros, en su parte más ancha, por 29. En el mismo filo de uno de los lados, había una letra, cortada, que lo mismo podría ser una “I” que la mitad de una “D” o de una “L”. O quizás de una “P”. A saber qué era el texto que faltaba.
La lápida, creada de memoria con el programa Illustrator.
No recuerdo bien si la parte estrecha estaba a la izquierda
o a la derecha. Puede que el recuadro de arriba fuera algo más bonito. 
La letra "M" no era como la de la fuente del programa que usé.

      Tenía un color blanco, casi crudo. Pesaba, al menos, 15 kilos o más. Por detrás tenía un enorme pegote de pegamento de albañilería, que bien podría ser cal y arena, pero que con el paso del tiempo se había petrificado y parecía una bola dura de plastilina blanca. Al verlo tan limpio y en plena superficie de la escombrera, llegamos a dudar de que fuera algún hallazgo arqueológico, ya que semejante tipo de cosas no se encuentran tan al alcance de la mano. Pero la negra costra interior de las ranuras de las letras esculpidas parecía dar a entender que tenía muchos años.
      Buscamos por los alrededores, por si hubiera algo más de interés. No lo vimos. El siguiente paso fue esconder de nuevo en un rinconcito el hallazgo y traer una carretilla que teníamos en la vaquería de mi abuelo, en desuso, para transportarla.
      Una vez allí, le dimos vueltas y más vueltas, tratando de esclarecer lo que habíamos encontrado. Recuerdo que consultamos un viejo diccionario de latín para saber el significado de la palabra “mei”. Pero no venía. La palabra más parecida era “meiar” (orinar) :) Entonces nos pusimos a hablar en tono de broma.
      “Parece que Julio César no dijo, exactamente, “veni, vidi, vinci”, sino que tras la batalla, sintió ganas de ir al servicio y añadió el “mei”. Pero los rigurosos historiadores de la época censuraron esta última palabra, por considerarla de mal gusto”. Dijo mi primo.


Foto de la vaquería, tomada en 2.006, mientras entran mi hermana, mi madre y mi sobrina.
 En aquella fecha su estado de abandono era más que evidente. Pero estaba condenada a ser expropiada y derribada para hacer edificios nuevos

      De vez en cuando, enseñábamos el “Mei” a los amigos. Estos estaban tan confundidos como nosotros. A todos nos llamaba la atención el corto texto y el desperdicio de mármol utilizado. Mi primo no sabía qué hacer con semejante bloque, que le ocuparía un sitio considerable en su casa. Si al menos tuviera más texto o algún grabado, valdría la pena conservarlo.
      Lo que nosotros no sabíamos en ese momento, es que en un solar cercano a la escombrera donde encontramos la inscripción, se edificaría la “Torre del Pirulí”, de Telefónica, cinco años más tarde. Por ese motivo no es nada descabellado pensar que antes de edificar revisaron el terreno, encontraron la inscripción, y una de dos; la arrojaron a la cercana escombrera para no paralizar las obras por el descubrimiento, o simplemente, al ver que no tenía mucho valor arqueológico, fue desechada. A juzgar por lo limpia que la encontramos, me inclino por la segunda opción. Parece que los arqueólogos, al igual que nosotros, estimaron que era poco valioso. No todo aquello que tiene muchos años es digno de ser expuesto en un museo. De hecho, mi primo sabía donde había unos sellos de barro, que se usaban en la antigüedad para cerrar los recipientes. Hay tantos, que al parecer, es absurdo conservarlos todos.
      Actualmente Imagino que la inscripción debía de ser una especie de “letrero” de bienvenida a alguna casa o lugar de negocio, y que la palabra mei debía ser la palabra “mi” de alguna frase que dijera “bienvenido a mi hogar” o algo parecido. Pero a juzgar por su peso, me inclino a pensar que en vez de colgar de alguna pared, estaría semienterrado en el suelo, frente a la puerta, para dar la bienvenida a los visitantes.
      Se decidió que la pesada losa siguiera en la vaquería de nuestro abuelo, deshabitada desde 1.982, pocos años después de su fallecimiento. No recuerdo que le hiciéramos ninguna fotografía, pero tres años más tarde, en 1.990, me compré una cámara de video y es posible que tomara algunas imágenes. De eso hace tantos años, que no me acuerdo si llegué a hacerlo, pero sé que tuve tal intención. Tendría que revisar las cintas. Pero entre la oscuridad del interior de la casa y el tiempo, no creo que se vean con mucha calidad.
      Pasaron los años y dejamos de ir por la vaquería. En 2.006 me compré mi primera cámara digital e hice fotos de recuerdo. Pero no recuerdo que fotografiase el Mei. Tampoco me esforcé en buscarlo mucho, pues me acompañaban mis sobrinitos y era peligroso que entraran en el interior de la casa, que era el sitio donde vi el Mei por última vez.  


Puerta de entrada de la casa. En su interior guardamos el hallazgo. La puerta no está, y el marco se encuentra muy deteriorado. La cerradura fue forzada por los okupas. Las paredes estaban en mal estado y el techo, peor. Daba miedo entrar.

      Aproximadamente, en 2.011, la derribaron, junto con otras viejas casas de alrededor. Los responsables de la obra sabrán qué hicieron con el Mei, suponiendo que aún estuviese dentro, pues antes de ser derribada la vaquería, entraron okupas, drogadictos y grafiteros, y sabe Dios lo que hicieron en su interior.         
      Pese a los comentarios bromistas, Julio César sí que estuvo en Cádiz (Gades), y como es lógico, durante ese tiempo durmió, comió…y fue al servicio :) por lo que mi primo estaba sobrado de razón. Se dice que al ver una estatua de Alejandro Magno y leer que a los treinta y tres años ya era dueño de un vasto imperio, se avergonzó de sí mismo. El tenía esa misma edad y no había hecho nada destacable aún. Sin duda, Cádiz hizo reflexionar a Julio César. Cuando emprendió el viaje de regreso a Roma, lo hizo, planeando sus futuras acciones.                

martes, 8 de septiembre de 2015

Dudas publicitarias

   


     Llevo un tiempo dándole vueltas a la promoción de mis obras. Hasta hace poco barajé la posibilidad de anunciar la web con mis obras en una empresa que ofrece internet gratis en establecimientos, a cambio de que les permitan poner dos pantallas de televisión. En una de ellas ves un partido de fútbol (por ejemplo) y en la otra, publicidad. Se supone que cuando te aburres de ver el partido, vuelves la cara o te tomas un respiro, miras la otra pantalla. Y si te gusta lo que ves, existe la posibilidad de que compres lo que has visto anunciado. La idea me atraía, pese a que como buen "optimista" sabía que todo en la vida tiene sus ventajas e inconvenientes. 

      Ese tipo de anuncios lo vi en el bar donde suelo tomar el chocolate con churros. Tomé nota de la web, y al poco tiempo les mandé un email para que me aclararan las dudas. Pero a los pocos minutos recibí una respuesta que decía que la responsable (la llamaré "Rosa") se había tomado unos cuantos días de reposo. Debía consultar con su compañero, "José". (Otro nombre ficticio). José insistió en que llamara a un teléfono gratuíto o que le diera mi número y el me llamaría a mí. Insistí en que la consulta fuera por email. Temía que me contagiara su optimismo por teléfono, y que se le olvidara de responderme otras dudas. 

      Así fue. Me hizo un presupuesto para un mes con varios anuncios, pero yo quería probar quince días. Así se lo dije, pero no me respondió. Quise colaborar e hice una prueba en una especie de simulador de anuncio que tenían en la web. Pero encontré varios fallos, entre ellos, salía mal el control de más de un anuncio ¿Es que no era posible poner mi anuncio en un bar a horas distintas del otro? No podía ser. Me registré, y me encontré con varios problemas de registro, entre los cuales se me informaba de que mi número del carnet de identidad no era válido porque había otro usuario registrado con él.

      Me quejé por email, pero esta vez a Rosa, pues había pasado una semana e imaginé que ya había vuelto. Ella resolvió mi problema, y ¡Milagro! El tal José, se dignó "casualmente" a responder a la pregunta que le hice y no me respondió. Todo parecía indicar que Rosa era la que entendía el negocio. Le pregunté a José los métodos de pago y si admitía Paypal. Me respondió que por tarjeta pero creía que Paypal no. De todas formas le preguntaría a su compañera. Al poco tiempo me lo confirmó. Le pregunté si admitiría domiciliación bancaria de mi banco,
pero aún estoy aguardando su respuesta. En realidad ya no hace falta. Mi ilusión inicial se ha desvanecido. La torpeza con que resolvieron mi gestión me hizo pensar mejor y observar las posibilidades con más realismo. 

    Gracias a su descuido, desperdiciaron mi ilusión, que tanto les favorecía. Pensé y llegué a la conclusión de que lo que yo quería hacer, era perfectamente factible en Youtube o medio parecido. Ver un anuncio tuyo (y pagado por ti) es muy bonito, pero ¿Acaso es más importante la observación casual de un fatigado y tal vez bebido hincha futbolero, que a los pocos minutos olvidará lo que ha visto, que la de un usuario de Youtube que puede ver tu anuncio más de mil veces? Yo creo que no. 

      ¿Otras opciones? Empresas de publicidad o el Google Adwords

      De la primera opción me tengo que informar bien, pues temo que salga cara, además de que lo que hagan, es muy probable que yo lo haya hecho antes. Eso de repartir panfletos, ponerlos en los coches, en los buzones o pegarlos en las paredes, eso lo hice ya en mi ciudad, con resultados negativos, aunque admito que mis cartelitos no tenían la calidad que hubiese tenido los de una empresa publicitaria...y por supuesto, me saldrían más caros. Si opto por publicitarme fuera de Cádiz, los precios aumentarán más. Lo dejaré para más adelante.

      En cuanto al Google Adwords lo tengo un poco aborrecido, pues en 2.012 me mandaron una oferta por correo para poner un anuncio gratuito. Es decir, gratuito, siempre y cuando no me pasara con el tiempo ni los requisitos. A pesar de mis precauciones tuve que pagar, creo, que algo más de cinco euros. Algo hice mal, o no me leí bien esa sopa de letras que te ponen en pantalla, antes de embarcarte en un proyecto online. A eso había que añadir que mis blogs no estaban preparados para recibir visitas. Eran un desastre. Pero poco pude hacer, pues las webs gratuitas de 2.012 dejaban mucho que desear y no encontré ninguna que me gustara.

      Tal vez sea el momento de darle una segunda oportunidad a Google Adwords. Después de todo, las visitas llegaron y no fueron pocas. Mucha culpa la tuve yo, por no tener las cosas en orden. Cuando todo esté preparado, veremos si el Adwords es merecedor de la nueva oportunidad que le voy a dar. 





viernes, 4 de septiembre de 2015

Libreta para todo



Está visto que no se puede confiar en la memoria. El método de aprendizaje de los druidas no va conmigo. (A los druidas no les gustaba que sus alumnos tomaran nota de sus enseñanzas).

Dadas las circunstancias decidí buscar en mi vieja librería algo que pudiera serme de ayuda, y lo encontré en seguida; una pequeña libreta roja. Ahí anoto de todo, o casi de todo, pues de ninguna manera voy a poner en su interior cosas tales como contraseñas o números de teléfonos o direcciones, pues si se me pierde y cae en malas manos, no quiero ni pensar en lo que pueda pasar.
¿Se me ocurre alguna cosilla para poner en mi blog? ¡A la libreta! 
Una vez en casa, ampliaré los detalles, pero la idea deberá de ir anotada en la libreta. Lo mismo digo si veo alguna cosa interesante y en ese momento no tengo suficiente dinero para comprarla.
Lista de los caprichitos, anotaciones en el blog, recados, lista de música para ponerla en el mp3 de mi equipito de música, modificaciones en mis obras ¡Todo a la libreta! Después de todo, los druídas estaban en la Galia, y yo nací en "Cadìz".

martes, 18 de agosto de 2015

¿Intimidad en Facebook?

                                 


      ¡Ay, Facebook! ¡Dichoso Facebook! ¡Qué sobrevalorado estás! La gente lo usa con orgullo como muro para divulgar sus ideas y las de otros usuarios que les gustan. Algunos lo tienen con acceso restringido para que los "intrusos" o "indeseables" no puedan acceder. 

      A mi edad pocas cosas me pueden ya asombrar. De vez en cuando, en la web encuentro imágenes muy crudas que me hacen estremecer, pero en lo que se refiere a la intimidad normal de una persona, no estoy interesado en ver diez centímetros de pecho que se le ven a la vecinita del barrio. El día que quiera ver porno, no os quepa duda de que lo sabré encontrar. Esas menudencias y otras parecidads, me traen sin cuidado. Si no quieres que te vean vestido con tu traje de comunión, simplemente, no pongas la foto, y mándala a quien te interese, pero olvídate de la privacidad en internet, porque eso no existe.

      ¿Cuántos delincuentes han grabado sis "hazañas", confiando en no ser descubiertos y con la suerte como único medio de protección? 

         En mis intentos por promocionar mis obras me han bloqueado nueve cuentas y ocho subcuentas por spam. Al hacerlo me he librado de algún que otro pelmazo, al que de ninguna manera he negado el acceso a mis cuentas. He echado a un par de trolls, y solo tras ponerse muy pesados. También he tenido que soportar las críticas de un autor que conocí en "Bubok", que tras escribir un comentario, me decía lo que veía bien o mal. Pese a semejante incomodidad, lo echo de menos, pues se agobió del Facebook y borró sus cuentas.

      En el 2.006 no había Facebook, sino Hotmail. A los compañeros de cursillo nos bastó una tarde para agregarnos a todos. Era lógico, pues soñábamos con hacer un grupo feliz, cuya amistad sobreviviría más allá de la finalización de las clases. Por desgracia no fue así, pues surgieron diversos problemas de difícil solución inmediata,

      En el 2.011 también queríamos lo mismo. Esta vez se uso el Facebook como método de contacto, pero aunque eran buenos chavales, existía cierta desconfianza. Unos se agregaron y otros, no. Eso no debería de ser malo ¿O sí? Después de todo, si no dejas acceder a un compañero que lleva contigo varios meses, practicamente le estás poniendo una raya que no debe cruzar. En tal caso ¿Es de extrañar que tras la fiesta de finalización, ya ni quedáramos para vernos más?

      Moraleja: No hay que darle tanta importancia al Facebook, pues no la merece. Pero al usar esa red social como barómetro para juzgar a los compañeros, conseguiréis perderlos. Si tanto miedo os da que vean vuestras intimidades, cread una segunda cuenta, poned unas cuantas noticias, imágenes y memes, y alojada ahí a vuestros huéspedes. Pero si esperáis que se resigne a no cruzar esa raya que le habéis marcado y siga siendo vuestro amigo, es que no conocéis el comportamiento del ser humano.

"A toda acción hay una reacción" (Albert Einstein).



lunes, 17 de agosto de 2015

Mi relación con los móviles

Mi móvil, Galáctico

   Por increíble que os parezca, los teléfonos móviles no me llaman mucho la atención. Admito que son imprescindibles, pero se rumorea que usan una frecuencia peligrosa para la salud. Lo llevo encima porque no tengo más remedio.
   Debo añadir que el primer teléfono de ese tipo lo conocí muy temprano, allá por 1.982, cuando estaba haciendo el servicio militar. Imagino que sería Navidad, mientras disfrutaba del permiso. Estaba yo en la vieja mercería-droguería, ayudando a mis familiares. Entonces entró un viejo conocida al que llamábamos “El Gordo”. A este hombre le encantaba comprar cosas extravagantes. Ese día vino con una especie de walkie talkie, muy contento. Dijo que era un teléfono inalámbrico. Lo miramos con asombro. Me tomé la libertad de hacer una llamada. En cuanto noté que habían cogido el auricular, procedí a colgar.
   La persona que tuvo el “honor” de ser llamada por mí por primera vez desde un móvil, era “Mari Carmen la Bruja”. Su seudónimo no se lo puse yo. En aquellos tiempos nos llevábamos fatal. Es lógico que cuando un dragón amenace con atacar a una princesa, un caballero acuda a ayudarla. Pero cuando ves que la princesa se convierte en dragón, y ataca al caballero que pretende ayudarla, lo lógico es que la relación se deteriore, estrepitosamente.
   El Gordo dijo con amabilidad que no tenía inconveniente en dejarme hacer una llamada, que además no era gratis. (Eso no nos lo dijo, hasta ese mismo momento), siempre y cuando no fuera para hacer gamberradas. Mi ilusión inicial hacia el recién conocido teléfono inalámbrico desapareció en ese mismo instante. Ya no volvería a ver otro, hasta casi veinte años más tarde.
   En el 2.004, cuando me puse a escribir mi libro “Las aventuras de Star Gordo” me vi en un apuro. Los teléfonos móviles ya estaban de moda. Yo no tenía prisa por poseer uno, pero no sabía cómo funcionaban, y eso era clave para mi libro. Es imaginable que delante de los malos, el móvil del protagonista no emita ruido. Pero de alguna manera debe saber cuándo le llaman los colegas, y estos saber que los está llamando, sin que los villanos se enteren. Buscando por internet, mis dudas se disiparon rápidamente.
    Creo recordar que fue en el año 2.005 ó tal vez por el 2.006 cuando mis parientes me regalaron mi primer móvil. Era plateado. Me duró poco, debido a que en una tienda encontré una tapa roja del mismo tamaño, y quise darle un poco de color. La combinación de los colores rojo y plata siempre me ha gustado. Al cambiarla debí de hacer algo mal, porque dejó de funcionar. Estuve casi un año sin teléfono móvil. En 2.008 me regalaron otro, de color negro. Era tan modesto como el anterior. Aún sigue conmigo en uso activo. Lo uso poco.
   Antes solía llevar una mochila, de vez en cuando, cuando iba a la biblioteca, o a comprar alguna cosa. Ahora es mi compañera inseparable porque no me gusta llevar el móvil en el bolsillo. Cuanto más apartado de mí, mejor. De camino llevo una botella de agua por si me entra sed, y algunas otras cosas.
   En internet leí una curiosa noticia que decía que los servicios secretos usan las funciones de los teléfonos móviles de los ciudadanos sospechosos para espiarlos mejor. Eso me hizo sonreír al tiempo que me recordó una serie de ficción llamada “Galáctica” de la que se hizo dos versiones. En su versión de 2.003 aproximadamente, los “cylones” logran introducir unos virus que inutilizan las grandes naves de los terrestres. Indefensas, son destruidas con facilidad. Solo se salva “Galáctica” que ya iba camino del desguace, por haberse quedado obsoleta y no disponer de internet. Evidentemente, pasó a ser nave capital tras la destrucción de las otras.

   Si siguiera las costumbres de los visigodos, a los que les gustaba bautizar las cosas inanimadas, mi móvil actual se llamaría “Galáctico”. No tiene internet, Wattsap ni grabadora. La batería está con frecuencia en baja carga. Si alguien me quisiera controlar mediante el móvil, quedaría profundamente decepcionado.    

miércoles, 12 de agosto de 2015

La poesía no es lo mío


Olvidé decíroslo, pero no soy lo que se dice un buen poeta. Lo siento, eso no es lo mío. Bueno, tengo alguna que otra cosilla por ahí, como esta que se me ocurrió en 1.997 para describirle a mi pequeños sobrinito, cómo era la chica que me gustaba en esa época.

Rubita, chiquitita
con carita de ranita
ojitos de gatito
boquita de piñón 
y risita de tiburón

¿O es que para hacer poesía hay que estar enamorado? Si eso es así, mala cosa. En la actualidad no hay ninguna chica que me guste ¿Será la edad? Bueno, también hice una poesía más larga, que algún día pondré, dedicada a los visitantes de los blogs. 

También podría ser que soy muy riguroso y la poesía es mucho más que unos versos que riman. Lo que me llama la atención son los haikus. He hecho algunos, pero desconozco si cumplen las normas establecidas. El caso es que la inspiración no cese. A eso  voy.

domingo, 2 de agosto de 2015

El nuevo blog



      Hace tiempo que abrí un blog con intención de promocionar mis obras, pero como no tenía muy claro lo que iba a poner y lo que no, decidí dejar de usarlo hasta aclarar mis ideas. Sigo promocionándome en el Facebook, pero un exceso de promoción provocó que me borraran cuatro de mis cinco cuentas por spam. Con la que me quedaba y otra nueva que abrí, volví a promocionarme. Para evitar cometer errores pedí ayuda en los foros de Meristation, en los que llevo desde el año 2.003. Aunque su fuerte son los videojuegos, también hay foros para otros temas. 

      Pues bien, un viejo forero me mostró la dirección de un escritor que usaba el Facebook. Su forma de tomarse la promoción me interesó. Escribía, casi todos los días un artículo corto, comentando con brevedad su día a día, subiendo alguna que otra foto de su entorno, y de vez en cuando mencionaba su obra, evitando el spam masivo. 

      Estoy intentando aprender su estilo. Apenas llevo una semana y más o menos voy bien. Pero como Facebook me resulta algo incómodo, voy a poner todo lo que escriba ahí, en el blog que mencioné. Su dirección es la siguiente


Ni que decir tiene que el nombre es la combinación de los personajes principales de mis obras; Star Gordo y Mercurita. También pondré artículos escritos en este blog y ese, y viceversa. Tampoco me olvidaré de promocionar otras obras.
 

Gente encantadora pero poco habladora


      Si naciste en una época en la que los niños éramos los culpables de todas las desgracias me entenderás mejor ¡Cuánto daño hicieron esos agresivos esos psicópatas docentes, tanto en el aspecto físico como en el moral! Nuestros padres, que tal vez recibieron una educación parecida, y fueron tan estúpidos de darla por buena, en vez de apoyarnos, con frecuencia les seguían el juego a esos rematados locos. Ante un entorno hostil, lo habitual es guardar silencio y medir las palabras a la hora de hablar con gente poco conocida.

      Esos docentes tiranos, que con orgullo lucen sus diplomas y títulos en las paredes y se jactan en reuniones de habernos guiado en la senda de la vida, realmente nos condujeron a las puertas del infierno. El alumnado que no pudo resistir esa presión o porque sus progenitores recogieron
el testigo dejado por el profesor cuando dejó de darles clase, son vistas con frecuencia como bichos raros y rechazadas por parte de la gente.

      Si te encuentras con una persona así, ayúdala. Pero no le menciones su problema ni trates de ayudarla mencionando teorías de dudosa efectividad como Freud, astrología, horóscopos, etc. Si lo haces te guardará la distancia y es posible que se sienta culpable de algún delito no cometido. Simplemente, trátala como a un amigo más. Dale confianza e invítala a opinar. Déjala que hable con soltura y no te burles de ella si su opinión no es de tu agrado. Ten paciencia. A tener en cuenta que hay gente con poca personalidad a la que le conviene que existan los seres poco habladores y se aprovecharán de las circunstancias para engrandecerse. No les sigas la corriente, y si es posible, mándalos a callar. No es bueno que tiranos y manipuladores se salgan con la suya.    

miércoles, 24 de junio de 2015

Alfaguara: Intento fallido (2.010)


   Si mi memoria no me falla, hace cinco años que envié mi libro "Mercurita la traviesa hada" a la editorial Alfaguara para que fuera analizado para su posible comercialización . Les mandé un email previo. Pero no obtuve respuesta. A pesar de ello, les envié un ejemplar de mi obra, creyendo que no desaprovecharían la ocasión de examinarlo. Pero el tiempo pasó y no había noticias. Ante eso, hice algo que debí de haber hecho al principio: preguntar en un foro de literatura de internet.

  Cuando los veteranos supieron que había mandado el libro sin recibir el visto bueno de la editorial, se echaron las manos a la cabeza. Leí sus experiencias y consejos, llegando a la conclusión de que el personal de la editorial estaba saturado de trabajo. Además, con la crisis no era el momento más favorable para promocionar a autores noveles como yo. A mi libro podía haberle pasado cualquier cosa.

   Fue un gran error el mío el de confundir el oficio de editor con el de arqueólogo. No me cabía en la cabeza que ignoraran los libros que llegaran a la editorial. Pero esa era la realidad. Un día aproveché un concurso polémico, que parecía amañado en la web de escritores noveles "Bubok", patrocinado por Alfaguara para exponer mi queja.

   No conseguí que se fijaran en mi libro, pero algo positivo sí que conseguí. Mi queja, junto a las de otros autores más, seguramente fue la causa de que en la web de dicha editorial se tomaran la molestia de advertir de que no leerían un libro, cuyo autor no hubiera sido autorizado, previamente, a mandarlo.  

   De todas formas la experiencia fue positiva. Al saber las condiciones en las que trabaja un escritor al servicio de una editorial, me arrepentí de haber enviado mi obra. Les exigen una publicidad constante en internet, además de organizar promociones en teatros, salones y escuelas, y cuando creen que ya han ganado lo suficiente, se desentienden de los autores y no los promocionan más. Algunos, incluso venden sus obras sin el permiso. Así que, mientras sea posible, la promocionaré por mi cuenta. No todos tenemos la fama de Arturo Pérez Reverte y estamos expuestos a los abusos de editoriales poco honestas.



sábado, 6 de junio de 2015

Querida Ranita ¿Por qué no fue posible?



Dos de las muchas ranitas que "anidan" en mi habitación

  Con frecuencia, en ocasiones especiales, mis familiares suelen regalarme objetos decorativos con forma de rana ¿A qué se debe eso? Eso es por una fallida relación que quise tener entre los años 1,997 y 1.999. La "Ranita" era una adolescente que iba a la misma discoteca que yo, en San Fernando (Cádiz). Mi sobrinito, me solía preguntar a dónde iba a divertirme. Le conté una versión ligera de la historia, y al muy chivatín le faltó tiempo para decírselo a mi hermana y familiares cercanos.



Imagen de Mai, hecha en 1.997 ó 1.998 de memoria, pintada con bolígrafo y retocada con un programa poco conocido que traía de regalo el escáner de mi padre. Debía de haberla pintado, cruzada de brazos y apretando los labios, ya que esa era su actitud normal en 1.997. Pero soy un mal artista.

   Ante la pregunta de qué aspecto tenía, le dije la respuesta en una poseía que aún recuerdo:

   Rubita, chiquitita
   Con carita de ranita
   Ojitos de gatito
   Boquita de piñón
   Y risita de tiburón



Foto del "Disco Cine", hecha en 2.006. Ahora es un Palacio de Congresos

   Puede decirse que la historia empieza así: A principios de 1.995, creo recordar, la discoteca "Holliday" de Cádiz, en la que solía ir los miércoles y fines de semana, cambió de dueño y se llamó "Yesterday". A partir de ese momento, había que ir vestido elegante para entrar. Como no me interesaba ese entorno, además de ser caro, pasé unos meses saliendo con las "amigas de Paco", pero amistosamente. No estaba interesado sentimentalmente por ninguna de ellas.

  Varios amigos iban a otras de la cercana ciudad de San Fernando, por lo que dadas las circunstancias decidí unirme a ellos. Le pregunté a las amigas de Paco si se querían venir. Dijeron que no. Con el tiempo, Félix se fue de Cádiz, creo que a Leon, y me quedé con Miguel. Con él fui a Bornos, a conocer a una amiga que le escribía, también fuimos un par de veces a Vejer, y una a Sevilla; siendo este último viaje poco de mi agrado, pues no me advirtió que el ambiente no iba a ser de mi agrado. Por ese motivo decidí dejar de salir con él los sábados, ya que también en Vejer se puso a parar en aquellos ambientes que tanto le gustaban a él, pero a mí, no. Solo le acompañaría a aquellos lugares que conocía. San Fernando era uno de ellos. Los domingos íbamos allí. 

   Parece que el dueño de varias discotecas había tenido problemas con las licencias de apertura, ya que tuvo que cerrar dos de ellas, para quedar finalmente la que en sus tiempos fue el cine Almirante en cuya sala vi las películas "Amsterdamned" y "Los inmortales".

   Un el interior de esos locales había un grupito de chicas, entre las cuales destacaba una rubita, llamada Mai. Estaban con frecuencia, cerca de nosotros. Mai me llamó la atención de inmediato, no solo por su corta edad, sino por la atención con que me miraba. La imagen que tengo de ella, es vestida con su chaqueta negra, cruzada de brazos, de pie a mi derecha, con los labios apretados, mirando a su alrededor, quieta y en silencio. Como en aquellos días aún no sabía su nombre, la bauticé como "Ranita". Pero parece que no le gustó.

   Entre 1.997 y 1.999 nos veíamos con frecuencia, unas veces los sábados, otras los domingos, y algún que otro viernes. Pero también hubo malentendidos incómodos por culpa de nuestra incomunicación. Había que solucionar eso. Yo no tenía mucha soltura para hablarle. Las pocas veces que le dirigí la palabra a alguna chica en una discoteca, se portaba de modo extraño. Una salió corriendo, otra se puso seria y en silencio, otra me pidió que la dejara en paz, etc. Por ese motivo le pedí a una amiga suya que le diera una nota para quedar con ella en la calle y conocernos con más tranquilidad. No vino, pero ganamos un poquitín más de confianza. Pero el problema seguía ahí, sin solucionarse. Estábamos incomunicados, y por lo tanto, expuestos a malentendidos por falta de confianza.

   Tal y como temí, un día aumentó la distancia entre los dos. Consideré que lo ocurrido solo podía solucionarse con el tiempo y el olvido, Eso ocurrió a finales de 1.998. El año siguiente, lleno de derrotismo, intenté ver si podía arreglarse. Pero los hechos solo confirmaron lo que me temía. Necesitaba tiempo. Por eso dejé de ver a Mai y decidí dejar pasar el tiempo. Era una mala opción, pero consideré que era el único remedio adecuado.

   Pero cuando volví a San Fernando de nuevo, la mayoría de las salas de fiestas, incluida el Disco Cine, ya estaban cerradas. No solo eso. También habían cerrado muchos cuarteles, Miré en las pocas que aún quedaban en pie, pero no vi a Mai. En cambio, si que vi a una de sus amigas con un grupo distinto. Imaginé que informaría a Mai de mi presencia. Pero no se presentó en las pocas semanas que estuve ¿Acaso Mai era hija de algún militar residente en San Fernando a los que los cierres cuarteleros obligaron a marcharse a otra parte? Eso parecía, pues mi amigo Miguel iba a San Fernando con más frecuencia que yo, y me informó que ya no la veía.


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Querida Mai. Ya hace más de quince años que no te veo. Es posible que ni te acuerdes de mí ¿Quién me iba a decir que el tiempo pasa con tanta rapidez? Supongo que si te viera por la calle me costaría reconocerte. Espero que estés bien. Supongo que a estas alturas estarás casada, tendrás familia y puede que algún hijo. Yo guardo un grato recuerdo de ti. No te ofendas si te llamo "Ranita". Imagino que a estas alturas ya sabrás que te lo decía de cariño.

Un fuerte abrazo y muchos besitos.

  





El San Fernando nocturno

                                               

Otra imagen de Mai con la ropa que solía llevar. Por supuesto, no siempre llevaba las mismas botas. Simple flojera del artista :) 

Bonito vestido de Mai. Rara vez vestía con ese estilo



Mai algunas veces vestía chaquetón negro o vaquero.,,,como yo. Me llegué a preguntar si lo hacía porque le gustaba, o por fraternizar conmigo

  

Esta es Mai con un peinado más típico de 1.998

Otra imagen de Mai, pero de 1.997.



La de arriba es la imagen de una revista de moda. Así imaginaba yo a Mai cuando tuviese cerca de los treinta años. La de abajo es la portada de un libro

   




Sala Venus. Ahí estuve entre 2.001 y 2.005, aproximadamente. La foto es del 2.006. Ese local fue derribado



La correa que yo solía llevar en aquella época, y que impresionó a Mai. O eso me daba a entender por señas :) 



¿Cuántas veces me vi a este extraño coche publicitario, aparcado en las calles de S. Fernando, mientras esperaba la llegada del autobús a Cádiz? La foto es reciente. No estoy seguro de que sea el mismo modelo de 1.998



domingo, 29 de marzo de 2015

Un cursillo para olvidar

Un cursillo para olvidar

Inicio    

      A lo largo de mi vida he realizado diversos cursillos. Actualmente estoy realizando uno de Diseño Gráfico en el que el Photoshop tiene un gran protagonismo, junto al Illustrator. En el año 2.011 hice otro más largo, pero a diferencia de este, no dimos gran cosa del Photoshop por falta de tiempo. También aprendimos a usar el InDesign y el Illustrator. Pero no voy a hablar de ninguno de los dos, sino de otro que realicé hace más de veinte años; en 1.989, exactamente; entre Septiembre de ese año y Marzo de 1.990. Fue el peor de todos.
      Es frecuente que entre los compañeros haya disputas e incompatibilidades. Eso lo he sufrido alguna que otra vez y lo encuentro normal. Aquí lo que voy a juzgar es la actitud que se tomó con el alumnado, que es más grave aún. No voy a entrar a fondo en detalles pese al tiempo transcurrido, porque no es una denuncia, sino una crónica que puede aburrir a unos o interesar a otros pero que juzgo merecedora de ser puesta en mi blog.

Ambiente y disposición

      Creo recordar que ya llevaba tres cursillos hechos. En esa época pagaban 35.000 pesetas, más o menos, (216 euros o poco más) a los menores de 25 años, pero el 75 por ciento del salario mínimo mensual a los mayores de esa edad. Ya tenía veintiséis y había realizado dos de menor de 25 y uno de los otros. Estaba antojado de comprar una videocámara. En esa época estaban carísimas: unos mil euros o poco menos la más barata. La posibilidad de encontrar un empleo era otro aliciente que me animó a hacer el cursillo. De hecho, un compañero de clase de costumbres hippies hizo uno de vigilante de seguridad y gracias a eso, encontró trabajo. Le eché el ojo a uno de nombre prometedor “Automatismo Industrial”. Creo recordar que duraría cerca de seis meses, por lo que entre el dinero que tenía ahorrado y lo que ganara de ese, podría comprarme lo que tanto deseaba. Un conocido que también estaba interesado en hacerlo, me dio un consejo:
    “Cuando te examinen para la admisión no contestes a las preguntas que no estés seguro. Déjalas en blanco. Si pones un disparate, pensarán que solo vas a por el dinero y no te admitirán”.
      Dicho y hecho. Me admitieron. A él también, pero en otra clase. Había dos categorías; los “burros” y los “listos”. Adivinad en cuál me tocó a mí J
      Tendríamos cuatro asignaturas; Automatismo, Electricidad, Control Numérico y Neumática. Durante la mitad del curso daríamos las dos primeras, y durante la otra mitad, las dos restantes. Un chaval amistoso al que llamaré “Alberto” se presentó y se sentó a mi lado. Era universitario y le interesaba la asignatura….y el dinero; como a todos.   

Profesores y compañeros


      El primer profesor que conocimos era el de Automatismo. Lo llamaré Mario. Era gordo y fuerte, aspecto serio pero educado. Podría tener poco más de treinta años Su lema era el siguiente:
      “Antes de cometer una tontería, piensa lo que vas a hacer. Para formar un estropicio siempre hay tiempo”.
      Estuvo un buen rato hablando de su asignatura. Parecía que tendríamos un buen entendimiento. No pasó lo mismo con Rafael, el profesor de Electricidad. Este era delgado y con poco pelo. Se estaba quedando calvo a pasos de gigante. Tenía las orejas algo redondeadas como los duendes. Hizo su presentación, gritando, con malos modales y argumentos absurdos.
      “¡Aquí se viene a aprender! ¡Si alguno de vosotros viene solo para cobrar las 35.000 pesetas mensuales se ha equivocado de sitio! ¡Espero que vosotros no seáis de estos últimos, pero en caso contrario solo tiene que decírmelo, y tan amigos!”.
      Estoy convencido de que si a Rafael no le pagaran, no le serviría de consuelo que le dijeran que había hecho una gran labor enseñando a sus alumnos, y que con eso debía darse por pagado. Por lo tanto ¿A qué venía ese absurdo enfado para los que vinieran solo para cobrar? Más aún, teniendo el alumnado más de veinticinco años, y que no necesitan discursos aguerridos como el que nos dio. Personalmente opino que todos teníamos ganas de aprender. Al menos, las primeras semanas.
      Creo recordar que éramos quince personas. Doce chicos y tres chicas. Una de ellas me conocía de vista. Otra se llamaba Angela y hablaba más con nosotros que con sus compañeras, que no tardaron en hacerse amigas. Ambas compartían el mismo nombre, María del Carmen.
      Otro compañero destacable era Fernando. Se sentaba solo, atrás del todo. Pero las circunstancias le obligaron a sentarse más adelante, cerca de donde estábamos Alberto y yo. Era poco hablador y usaba un perfume que no terminaba de gustarme. Con el tiempo me hice amigo suyo.        

Anécdotas e incidentes



      Mario acostumbraba a esperar en silencio, mirando los apuntes, a que fuéramos llegando. A veces tardaba más de diez minutos en hablarnos de su asignatura. Con frecuencia, la gente le pedía que repitiera lo que había explicado, pues no lo había entendido bien. Mi compañero Alberto, sonreía, y a veces me decía con sarcasmo:
      “¿Has visto, Antonio? ¿Cuántas veces han preguntado eso? Esto parece una clase de memos. La gente no entiende nada”.
      Sonreí la ocurrencia, intentando no darme por aludido. Yo tampoco entendía gran cosa.
      Cuando alguien hace un cursillo, no os quepa duda de que aprovechará para promocionar alguna afición o cosa interesante que haga. Uno de mis compis sacó una foto aérea de un barco y me pidió mi opinión. Estaba muy bien hecha, pero algo no cuadraba. Ese barco estaba demasiado limpio. Mi compañero sonrió. Era una maqueta. Los maquetistas, lo primero que hacen es ensuciar sus modelos para darle más realismo. Imagino que ese chaval prefirió tener el modelo limpio, pese a ese inconveniente.
      Entre mis compañeros había uno educado y amable que decía ser mormón. Hacía poco que leí la primera aventura de Sherlock Holmes, “Estudio en escarlata”, que narraba los apuros del protagonista, perseguido por una secta de fanáticos mormones. Se lo comenté en tono amistoso, y me dijo con educación que esa clase de seguidores los había en todas las religiones. No se llevó mal conmigo pero me quedé con la impresión de que mi comentario no le había gustado.
      Teníamos una pequeña estantería con ruedas en la que había un reproductor de video. Mario quería que viéramos uno relacionado con su asignatura, pero no pudimos. En ese centro, que casi me olvido decirlo, había varias clases más. La profesora de inglés, a la que llamábamos “Barbie” por su pelo rubio y su figura, lo necesitaba ese día. La teníamos en la clase de al lado.
      El profesor nos puso unos problemas que estaban lejos de ser fáciles. En medio del silencio escuchamos el típico traqueteo de los disparos de una película de guerra. Se escuchaban los gritos en perfecto español. Nos pusimos a gruñir y suspirar, incómodos. Todo apuntaba a que los alumnos habían convencido a Barbie de que les pusiera una película de guerra para estar entretenidos. A lo mejor yo estoy equivocado, y estaba subtitulada en inglés, pero ciertamente, era inevitable que nos sintiéramos incómodos.
      En cuanto a Rafael, enseñaba bien su asignatura. Se notaba que le gustaba la electricidad. Pero era inevitable que surgieran dudas. En cierta ocasión, me pilló charlando con mi compañero Alberto, yo que siempre he sido poco hablador. Me preguntó qué era lo que me pasaba. Le puse como excusa, que no había entendido bien lo que explicó el día anterior, lo cual era cierto. Se puso como un energúmeno y me dijo con muy malos modales:
      “¡Pues si no lo has entendido, no seré yo el que te lo explique! ¡Debiste preguntar ayer! Que te lo explique otro compañero, y no me mires así ¿Eh? ¡No me mires de esa manera!”
      Me pregunto cómo quería que lo mirase ¿Acaso debía de darle las gracias encima? Increíble ese hombre ¿Aún no se había dado cuenta de que no estaba en una clase de adolescentes? Cada vez nos caía peor.
      Lo sucedido conmigo se repitió con otros compañeros. Rafael se negó, fríamente, a explicar al “Mormón” una duda que tenía. Este, en vez de reaccionar como sus compañeros del libro de Sherlock Holmes, le dijo con su habitual cortesía, que la función de un profesor era explicar su asignatura y resolver las dudas de sus alumnos. Rafael le dijo con aspereza que nuestra obligación consistía en esforzarnos y aprender. El aludido esgrimió otros argumentos pidiendo una cercana colaboración, pero no sirvió de nada. Días más tarde, otro compañero le hizo una pregunta a Rafael, llamándole de “usted”. Este se puso severo y le exigió que no volviera a hablarle así. El compañero dijo:
      “Usted perdone”.
      Rafael se enfadó aún más.
      “¡He dicho que no me hables de usted!”
      El profesor de electricidad parecía intratable ¿Tan terrible es hablarle de usted a alguien por error?
      Un día, durante el tiempo del recreo aproveché para ir a los servicios. Escucho un ruido a mis espaldas. Parece que alguien más quería entrar. Al verme, dice en tono burlón a alguien que iba con él: “¡Ya está aquí el que faltaba! ¡Ja, ja, ja!”
      Salí, algo enojado, pero sin decir una sola palabra. A juzgar por la voz, me imaginaba quien fue el autor del comentario. De hecho, estaba sentado en un banco del pasillo junto a varios compañeros más. Al verme, dijo con asombro:
      “¿Eras tú el que estaba en los servicios? Perdona. Al verte de espaldas te confundí con Rafael”.
      Si bien el primer comentario me había sentado mal, la aclaración me sintió peor. Como dije, nuestro aguerrido profesor de Electricidad se estaba quedando calvo a pasos de gigante. Si ese chaval me había confundido con él, está claro lo que eso significa.
      Mario tampoco estaba en su mejor momento. Ya había dejado de pasarse diez o quince minutos mirando los apuntes antes de explicar, para quedarse así, durante más de media hora. Tenía mala cara, como si un problema interior lo atormentara. En el descansillo, un compañero llamado Pedro, con modales campechanos pero muy inteligente, dijo en tono burlón:
      “Parece que Mario tiene ¡Muuuuuuchos problemas!” Dijo, al tiempo que imitaba, graciosamente, el mugido de un toro.


      Los demás, sobre todo, Angela, opinaban que esa forma de comportarse era una falta de respeto hacia nosotros por muchos problemas que tuviese. Sin embargo no hicimos nada para evitarlo, ni le comentamos nuestra opinión. Imagino que tenían miedo de quedarse sin cobrar, si nos quejábamos demasiado. Una tremenda apatía empezaba a apoderarse de nosotros.
      Un vídeo que sí vimos, nos llenó de asombro. Salían imágenes de un curioso robot parecido a R2 D2 de la guerra de las galaxias, haciendo gestos graciosos mientras un locutor explicaba las ventajas de las nuevas tecnologías. Al final expresó su confianza de que la próxima década se hicieran muchos avances significativos. Cuando dijo la fecha nos echamos a reír, a carcajadas. El video se realizó en 1.975, aproximadamente. Un par de años antes de la guerra de las galaxias, y se confiaba que los años 80 trajera nuevos descubrimientos tecnológicos ¿De quién fue la idea de traernos videos obsoletos al cursillo, faltando tan poco para terminar la década de los 80? Al menos sirvió para arrancarnos unas cuantas carcajadas.
      Los alumnos debíamos de llevar una tarjeta azul con nuestra foto e identificación colgando de la ropa para poder entrar. A Fernando se le olvidó, y el portero le agarró por una mano, pidiéndosela. Angela aprovechó para decir que aborrecía a ese hombre. El primer día vino en bicicleta. El portero no la dejó entrar, por mucho que insistió. Le dijo que debía dejarla fuera del edifcio. Angela no tuvo más remedio que obedecer. Al salir, se la habían robado, y el portero se negaba a hacerse responsable de la pérdida.
      Durante los descansos y el recreo, hablábamos de todo un poco. Sobre todo, de política. Uno de los compañeros parecía obsesionado por el alarmante número de los desempleados. Dijo que eso no podía ser cierto. Seguramente había mucho empleo sumergido. De lo contrario, se habría desatado una guerra en España. No se cansaba de repetirlo. Actualmente, en el año 2.015 hay muchos más que en 1.989, y de momento, no hay ninguna guerra civil.
      Otro compañero, que sospecho que fue el que “osó” hablar de usted a Rafael, tenía un fuerte acento andaluz y parecía muy espabilado. Pero en una de las frecuentes conversaciones nos llenó de asombro.
      “A mí me gustaba mucho leer cómics de Spiderman. Aún recuerdo uno que me conmovió mucho. El protagonista, harto del desagradecimiento de la gente, tiró la ropa a la basura, y dijo que ya no volvería a salvar a los demás. Dejaba su carrera de super héroe. Pero al poco tiempo se arrepintió, cogió la bolsa en la que había depositado el disfraz, y se lo volvió a poner ¡Lo hizo porque amaba a su patria! ¡Me entró mucha emoción! ¡Amar a tu patria es lo mejor que te puede suceder en la vida!”
      Otro compañero le preguntó una duda que todos teníamos en nuestro interior.
      “¡Eh, chaval! ¿De dónde eres tú?”
      Este, intuyendo a donde quería llegar, le respondió:
      “Nací en Jerez. Pero mi padre es un americano que trabaja en la base de Rota”.
      Era evidente que su progenitor le había enseñado unos valores que aquí considerábamos obsoletos. De hecho, el comic de Spiderman al que se refería, me sonaba de haberlo leído años atrás, cuando estuve enfermo del pulmón. Me pareció un auténtico muermo. Habría sido el peor de todos los que tenía, de no ser porque el protagonista de la historia era el malvado “Duende Verde”; un personaje enemigo de Spiderman, que no lograba encontrar en las estampitas que traían los pastelitos que me comía en aquella época. A un compañero de clase le tocó, y me la regaló junto con el cómic.
      Parece que a Mario le costaba trabajo superar su crisis. Un día, al ver la puerta de la clase, cerrada, le preguntamos a uno de los responsables de los cursillos, que nos confirmó que el docente no iba a venir ese día, por encontrarse mal. Por lo tanto, aprovechamos para ir a la clase de los “Listos”, que tenían clases con Rafael. Si nos dejaba entrar, saldríamos antes. El profesor accedió con evidente pesar. Había sitios de sobra para nosotros y nos sentamos atrás. Nos llenó de asombro e indignación el trato amistoso y cordial que mantenía con los listos. Nunca vimos a Rafael así. Incluso estaban dando una temática desconocida para nosotros. A la hora del recreo pregunté al conocido que estaba con ellos, si era normal que les tratara con tanta cordialidad. Respondió que sí. Ellos aprendían más deprisa que nosotros, y pedían que les enseñara más. Eso lo ponía contento.
      Así que, estaba claro. Rafael se basaba en un extraño principio en el que suponía que los burros éramos no solo malos estudiantes, sino también malas personas, al contrario que los otros.
      Mario, prácticamente, dejó de enseñarnos su asignatura, y si no recuerdo mal, se limitaba a darnos fotocopias de apuntes para que los repasáramos mientras él se quedaba sentado, mirando las musarañas, y meditando sobre sus problemas. Nosotros estábamos aburridos y nos dedicábamos a discutir y gastarnos bromas en voz baja. Eso hice con Fernando, que había ocupado el lugar de Alberto, que antes de Navidad se vio obligado a dejar los cursos para regresar a la universidad. El creyó que las clases universitarias tardarían más tiempo en empezar. Para colmo, aún no habíamos visto ni un solo céntimo, pese a llevar más de dos meses ¡Menuda bronca le armamos a la encargada del Instituto de Empleo, que vino un día para ver si todo iba bien! Nos dijo que lo lamentaba por nosotros, pero que no se sabía nada de nuestro dinero. La enojada Angela preguntó si nuestro dinero le estaba rentando ganancias a alguien. La chavala dijo no saberlo, pero que seguramente, así era.
      ¿Y Rafael? Este nos estaba enseñando cosas de electricidad por medio de unos ordenadores. Creo recordar que tenían las pantallas de color naranja. Alberto, que aún permanecía con nosotros, entendía de informática. Había solo tres o cuatro ordenadores y nos dividimos en grupitos. Aproveché para buscarle las cosquillas a Fernando, escribiendo en pantalla “A Fernando le gusta la gordita”, refiriéndome a una compañera de clase. Este, furioso, no sabía cómo borrar lo que escribí, y se puso a toquetear. Se dio cuenta de que al darle a la tecla “Enter” el texto bajaba una línea. Lo hizo varias veces hasta que desapareció. Alberto le dijo que si hubiera escrito “CLS” la pantalla se habría borrado de inmediato. Cuando fue el turno de toquetear de Fernando, se vengó de mí, escribiendo: “Antonio es un niño muy malo”. No tuve tiempo de borrarlo, pues Rafael venía detrás. Vio el texto, pero no dijo nada.
      Fue el ajetreo de ir a consultar a otros compañeros lo que hizo a Rafael tomar conciencia de nuestro “aprecio” por él. De nuevo creo que fue el jerezano, el que llamó a uno de la clase para preguntarle una duda. Pero Rafael se le adelantó, y le preguntó qué quería saber. Tal vez, temiendo que le montara algún “numerito”, dijo que ya no hacía falta. Acababa de acordarse de la duda que tenía.
      “Si necesitas que te ayude, no dudes en llamarme”.
      “Gracias, Rafael, pero como ya te digo, acabo de salir de dudas, yo solo”.
      El profesor se alejó, cabizbajo. Parecía haber entendido que ya no contábamos con él para resolver nuestras dudas. Angela se dio cuenta del detalle y fue a hablarle, mientras nosotros estábamos en lo nuestro. Cuando llegó el momento de los diez minutos de pausa, Angela nos contó lo que habían hablado:
      “Rafael, bonito. Parece que te pasa algo ¿Qué es?
      “Así es, Angela. La gente de esta clase me odia”.
      “No, hombre, no. Eso no puede ser. Bueno ¿Quién te odia?
      “Todos me odian”.
      Nos llenamos de asombro al escuchar las palabras que la hipócrita de Angela nos comunicó. Llegamos a la conclusión de que ese hombre no estaba bueno de la cabeza ¿Por qué habríamos de odiarle? Tal vez, Rafael no tenía intención de tratarnos mal durante todo el curso. A lo mejor quiso hacerse el duro durante algunos días para darse a respetar. Puede que la diferencia de trato entre una clase y otra, lo pusieron triste. Pero no lo odiábamos. Rafael no tuvo en cuenta una cosa tan elemental como es el sentido común. En caso de tener una duda ¿Qué opciones hay? ¿Preguntársela a un docente con muy poca paciencia, o a los “listos” de la clase? La respuesta es evidente. Por causa de su falta de tacto, nuestro profesor se vio obligado a seguir asumiendo el rol de hombre duro, que estaba aborreciendo.

Exámenes


      Mario nos encargó que hiciéramos un trabajo sobre el Automatismo, y que se lo explicáramos, verbalmente. Quedamos varios de nosotros una tarde en la biblioteca y ver si encontrábamos las respuestas. Pero lo que encontramos eran unos conceptos muy básicos que no respondían a las preguntas de Mario. Se me ocurrió una explicación, más o menos sencilla, en el supuesto de que no encontráramos nada. Para mi asombro, uno de mis compañeros se puso a escribir lo que dije, siendo imitado por los otros.
      Parece que Mario debía de tenerme un poco de aprecio, porque cuando fue mi turno de explicarle la temática, me habló con cordialidad. Entrábamos de uno en uno, mientras los demás esperaban fuera. Ese fue el último día que tuvimos clases con él.
      El examen con Rafael fue más polémico. Nos examinaría a los dos grupos en la misma clase. Al ver los exámenes, protestamos. El profesor pidió disculpas de una manera, no exenta de maldad.
      “¡Perdonad. Me he confundido! Os he entregado el mismo examen que a los otros compañeros. Ahora os doy los vuestros”.
      Tras entregárnoslos. Volvió a repetir sus disculpas.
      “Esos son vuestros exámenes. Espero no haberme equivocado. Os pido perdón de nuevo por haberos entregado unos exámenes de una temática avanzada que no habéis dado. Os pido disculpas de nuevo”.    
      Estaba claro. Nos llamaba ignorantes de una forma poco disimulada. El detalle no se nos escapó, pero no protestamos. Yo no pude evitar hacer un detalle que podría interpretarse como una tontería, con intención de hacerlo rabiar un poco. Pero ¿Quién no ha hecho una chiquillada, alguna vez en su vida?
      Me puse a mirar mi mano izquierda, como si hubiese escrito algo en ella. Rafael se apresuró a mirar. Al ver que no había nada, debió de sentirse burlado, y me preguntó con ironía:
      “¿Sabes mucho del examen?”
      Le dije que sí, pese a ser una rotunda mentira. Rafael miró lo que tenía escrito y siguió hablando.
      “¿Crees que aprobarás?”
      Orgullosamente, dije mi segunda mentira: “Sí”.
      “Pues muy bien”. Dijo el irónico Rafael.
      A la salida, Angela y los demás comentaron la desagradable actitud de nuestro profesor.
      “¡Qué cínico es este hombre! Con qué poco disimulo nos ha llamado “burros”. Sin duda, está como un cencerro.”
       La primera fase del cursillo ya había terminado. Tras las anheladas vacaciones de Navidad, daría comienzo la segunda; Control Numérico y Neumática.

La segunda fase


      Una de las alegrías que nos llevamos al comenzar 1.990, fue que nos habían ingresado el dinero de los cursillos. Me apresuré a comprar la cámara de video, que ya había escogido hacía tiempo. Era de marca Sony, modelo “CCD F-340”.
      En los cursos nos daría clases de Neumática un profesor del que no recuerdo el nombre. Su asignatura consistía en el movimiento de resortes por medio de mangueras conectadas a tomas de aire. Los utensilios tenían un colorido algo infantil. En cuanto a Control Numérico, consistía en crear coordinadas e instrucciones en un programa de ordenador que si no era el “Autocad”, era un antepasado suyo. Al profesor lo vimos el primer día, y ya no lo vimos más. Era conocido de Fernando. A él, le caía muy mal.


      Durante un tiempo, tras terminar las horas de Neumática, nos veíamos obligados a esperar a que viniera el profesor de Control Numérico, pues el encargado de informarnos no sabía gran cosa. Al parecer, el profesor se había ido por no llegar a un acuerdo con su sueldo, y estaban buscando a un sustituto. Se desconocía cuándo iba a llegar. Mientras tanto, deberíamos estar un tiempo prudencial, antes de irnos. Un día, por fin llegó. Había tardado casi medio curso en aparecer. No recuerdo su nombre, pero era bajito, obeso, con gafas y cara de empollón poco afortunado con las mujeres. Los graciosos de la clase lo llamaban “Tachenko” en homenaje burlón al alto jugador de baloncesto ruso, famoso en los años 80.


      Habíamos comenzado la asignatura con mal pie, tras la marcha del profesor anterior y la tardía llegada del otro. Para continuar con la ración de mala suerte, los ordenadores se bloqueaban con suma facilidad, y la asignatura no era tan fácil. Usábamos discos de arranque del tamaño 5 y cuarto, que ya estaban obsoletos en aquella época. El profe debió de pensar, al igual que los anteriores, que solo estábamos por el dinero. Si el burlón de Alberto hubiera seguido conmigo, no se habría privado de recordarme que nuestra clase estaba formada por memos. Un día se acercó a las dos chavalas y les preguntó si podía ayudarlas. Estas aceptaron, encantadas. Pero el tiempo pasaba y el profesor no se movía de donde estaban ellas, a menos que lo llamásemos. Al principio nos ayudaba, brevemente. Pero como los ordenadores eran malísimos y se bloqueaban mucho, lo llamábamos con frecuencia. Un día pasó, olímpicamente, de hacernos caso. Incluso se permitió el lujo de mirarnos con una sonrisa burlona, dándonos a entender que con ellas estaba mejor. Curiosamente, Angela, tan justiciera, no hizo ninguna crítica de sus compañeras pese a su cara de malhumorada. Parecía consciente de que al hacerlo perdería popularidad, ya que algunos de los compañeros estaban coladitos por ellas. Eso no evitó que les pidiéramos que nos hicieran un poco de caso.
      “Soltad a ese tío de una vez, que nosotros también tenemos nuestras dudas”. Dijo uno.
      “Pero si es él, el que viene a nosotras. Y como tenemos ganas de aprender….”
      “Haced el favor de decirle que nos atienda cuando lleve un rato con vosotras”.
      Pero fue inútil. Como si no hubiéramos dicho nada. Tachenko debía de sentirse como una super estrella por el simple hecho de estar ayudando a nuestras dos compañeras ¡Pero qué pobre infeliz! Su actitud era patética y digna de lástima. Fernando y yo ya habíamos dado por imposible arrancar el ordenador. Así que dividimos el tiempo de clase en mirar las musarañas y discutir por tonterías mientras el profesor se sentía como el rey del mambo con las dos compañeras.


      En ese ambiente tan nocivo no era de extrañar lo que sucedió después. Las clases de Neumática tenían una teoría tan complicada como las de Automatismo. El profesor, cuyo nombre no recuerdo, nos trataba bien, pero sin hacer amistad especial con ninguno de nosotros. Un día pintó en la pizarra un complicado gráfico de mangueras y dispositivos. Dijo que lo copiáramos, ya que era importante.
      Pero mis compañeros no tenían prisa, por lo que el hombre lo repitió por segunda vez. Necesitaba borrar la pizarra cuanto antes, para seguir explicando. Ante la pasividad de mis compañeros, lo pidió por tercera vez, en un tono que nos recordó al nefasto de Rafael. Personalmente, creo que tuvo razón en enfadarse.
      En cuanto dieron los minutos de pausa, a Angela le faltó tiempo para criticar la actitud del docente.
      “¿Qué se ha creído ese tirano? ¿Es que no se da cuenta de que no tenemos ganas de copiar el dibujo? ¡Que se atreva a obligarnos!”
      Me llené de asombro al ver que mis compañeros opinaban igual que ella. Tras soportar a tres profesores cuya estabilidad mental era cuestionable, no se les ocurre nada mejor que ponerse en contra del único que nos hacía un poco de caso. Si lo hubiéramos tenido en la primera fase, en vez de a Mario, es casi seguro de que habríamos tenido una actitud más favorable hacia él.
      Con frecuencia, preguntábamos por el resultado de los exámenes de las asignaturas anteriores. Pero el encargo decía que no le estaba permitido decirlo, hasta que faltara poco para terminar el curso. Evidentemente, había riesgo de fuga….y con razón.
      El día anterior al final de curso, consintió en decírnoslas. No había aprobado ni la mitad de los alumnos. Para tener el título, necesitábamos aprobar las cuatro asignaturas. Nos llenamos de indignación. Quedamos en irnos tras el recreo los que no obtendríamos el título, dejando tirado a Tachenko. Tampoco acudiríamos al día siguiente, a los exámenes del “Tirano” y de Control Numérico, que a juzgar por las circunstancias, dicha asignatura merecía llamarse “Descontrol Numérico”.
      Yo tenía la costumbre de quedarme siempre hasta el final, aunque no tuviera posibilidades de aprobar. Esa vez rompí mis hábitos. No seguiría el ejemplo del general alemán “von Paulus”, al que Hitler ordenó permanecer en Stalingrado, resistiendo hasta la victoria o la muerte. La experiencia me decía que era absurdo permanecer ¿Acaso Mario y Rafael cambiarían de opinión a última hora y nos darían el aprobado? Pensar que eso sucedería, era absurdo. No tenía inconveniente en acudir al examen del Tirano, por respeto. Para mí, no era tan tirano. Incluso me pareció injusto que mis compis le hubieran puesto tal seudónimo por una rabieta puntual. Pero si iba, me arriesgaba a ser visto por Tachenko, que muy probablemente me pediría que acudiera al suyo. No estaba dispuesto a ello.
      En los fines de cursillo se suelen organizar despedidas en bares o comprando comida y bebidas, sentados en los bancos de alguna plazoleta. Recuerdo que se planteó, pero no se concretó nada. De todas maneras estábamos de un humor de perros y no creo que la idea hubiese tenido aceptación.
      Como dije, Automatismo Industrial fue un cursillo mal organizado, vergonzoso y con un mal planteamiento. A los docentes no les cabía en la cabeza que cuando una persona deja los estudios y se mete en un cursillo, ya no posee la habilidad mental de cualquier estudiante común. Los docentes nos tomaron por “mercenarios” y no tuvieron paciencia suficiente para ayudarnos a aprender.
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