martes, 27 de agosto de 2013

Disco aniversario


   No os extrañe ver algún que otro hilo mío, hablando de las discotecas. Después de todo, he pasado mucho tiempo en ellas, y he vivido alguna que otra anecdota, afortunadamente, sin consecuencias graves, pero pasando vergüenza propia alguna vez, y ajena, más veces. Pero hoy no viene a cuento hablar de eso.



   Así, de repente, me acordé que en septiembre será el aniversario de mi visita por primera vez a una “disco”. De eso hace….treinta años. Casi nada. Aún estaba en la mili. Fue un domingo por la tarde de principios del mes mencionado. En realidad ya había asistido a otras salas de fiestas improvisadas, como escuelas y talleres, que hacían los chavales para sacar dinero para el viaje de fin de curso o excursiones. Pero lo que se dice ir a una discoteca en toda regla, eso no ocurrió hasta el 4 de septiembre de 1.983 (o una semana más tarde). Pero me inclino más por la primera opción.


   Esa fecha pudo haber sido antes, de no ser porque yo estaba ahorrando para comprarme un radio casete por mi cumpleaños. En un artículo anterior hablé de él, y me llevé al menos tres meses o más, ahorrando hasta minimizar los gastos, provocando la rabieta de mis amigos; sobre todo, de Félix, que amenazaba con no contar conmigo para salir, si persistía en esa actitud. No es de extrañar por tanto, que cuando me metían guardia en el cuartel los domingos, respirase un poco aliviado.  Al principio las aborrecía, pero el ambiente había cambiado. Septiembre de 1.983 no era el de 1.982. El ambiente había cambiado, considerablemente, y las amigas de entonces, no eran sino una sombra de lo que fueron antes ¿Por qué no tomarse la vida con calma? 

   Cuando por fin abrí la lata, descubrí algo decepcionado, que el dinero no era suficiente. Tenía que haber ahorrado 10.000 pesetas más o menos (sesenta euros) y había poco más de seis mil (cuarenta y tantos euros). Mi padre me acompañaba, y como regalo de mi santo, puso lo que faltaba.  Hago saber que mi santo es cinco días antes que mi “cumple”.

   Bien, ya tenía el radio casete. Se acabaron las restricciones. Ahora, por fin, podíamos ir a la disco. Me acompañaban Félix, José el gallego, y Luís el australiano.  Dentro se encontraba la hermana de este último, acompañada por sus amigas.


   Lo pasamos muy bien, no podíamos quejarnos. No sería la última vez que visitáramos esa discoteca; al menos, Félix, Luis y yo. José, no. No le gustó. De hecho, lo advirtió antes de entrar. Sospechaba que no era lo que buscaba, pero por una vez, no había problema. No nos extraño, pues es un chaval que se toma la vida con filosofía. Hace mucho que no lo veo por la calle. Lo mismo digo de Félix. Ese, a mediados de los 90 se fue a León, ya que su padre trabajaba en una inmobiliaria. Al parecer tuvo problemas con su socio, y tuvo que irse a otra ciudad a buscar trabajo. A Luís le fue peor. A principios de los 90, tuvo alguna enfermedad. No sé si cáncer cerebral, derrame cerebral, o algo parecido. El caso es que murió. Descanse en paz. Lo he echado mucho de menos.


   La discoteca cambió de nombre y de ambiente, a principios de 1.994. Ya no te permitían la

entrada si no vestías con elegancia. Volvió a cambiar, y a recuperar el nombre. Pero hace tiempo que no voy por ahí ¿Quién sabe? Puede que algún día, me entre la nostalgia y me acerque. De momento, le he hecho este homenaje en mi blog.