Crisis videojugadoras


       ¿Nadie ha acabado harto de los videojuegos o renegando de ellos por algún motivo? Yo, de hecho, he tenido tres crisis. Algunos dirán que jugar es un caprichito temporal, sin beneficio, y que tarde o temprano, la afición se terminará. Bien, los psicólogos tienen su propia opinión: algo he leido de que ver mucho la tele es una actitud pasivo reflexiva de alguien que tiene pocas aspiraciones. En cambio, un videojuego te introduce en una situación en la que tienes que usar la creatividad para salir airoso de ella. De hecho, recomiendan jugar un par de partidas, matando marcianitos antes de ir al trabajo, para tener la mente más despierta.

       Aunque en la adolescencia he jugado mucho en las maquinitas de los salones recreativos, puede decirse que mi historial videojugador comienza a finales de julio de 1.984, cuando mis padres le regalaron a mi hermana un Spectrum de 48 k. Ella, que lo quería usar para sus estudios, principalmente, pensó que sería fácil de manejar, como los ordenadores portátiles actuales. Al ver que el funcionamiento era algo más complejo, perdió la ilusión y me lo prestó. Yo estaba deseando cogerlo, pero le tenía temor. Imaginaba que acabaría por engancharme. Aún recordaba aquella vez que me puse a jugar en un salón recreativo, y por poco me quedo sin dinero para ir al cine. Yo siempre iba, a lo justo.

    La primera crisis llegó, casi dos años más tarde. Estaba jugando, apasionadamente con el juego "Commando", estrenando mi nuevo joystick, cuando de un brusco tirón, levanté el Spectrum en el aire, cayendo bruscamente encima de la mesa. La pantalla se puso de unos colores chillones. Reinicié, varias veces, y volvía a ver lo mismo. Me lo había cargado. Lo mandé a arreglar. Lleno de ira, rompí como si fuera una galleta, el interface que conectaba el joystick con el ordenador.

           Cuando lo arreglaron, estuve un tiempo usando el "Melbourne Draw" y el "Art Studio", programas, antepasados del Photoshop. Pero tenían muchas limitaciones. Era lo normal en los ordenadores de aquella época. Meses más tarde le fui perdiendo el miedo a los juegos. Ya no jugué más a los del tipo "arcade" que era como se llamaba en aquella época a los juegos que consistían en esquivar y disparar, descontroladamente. Ni siquiera tras comprar, un par de años después, el Spectrum+2, que era más pesado que el de 48 k, y traía el interface de joystick incorporado. Solo me animé un poco, en 1.994 ó 1.995, al jugar en el PC 386 al "Doom", y porque venía de regalo en un disquete que compré con una revista. Pero este no era un juego tan alocado como el otro.   
Rome: Total War
       La segunda crisis llegó, justo cuando faltaba un mes para el 20º aniversario de mi afición videojugadora. Fue en junio del 2.004, al sentir la llamada de la literatura. Al mismo tiempo sentí que una gran parte de los juegos con los que jugaba me aburría. De los pocos que se "salvaron" de la quema, estaba la saga "Total War". De hecho, mi afición literaria no evitó que siguiera esperando con ilusión el ansiado "Rome: Total War". También jugaba un poco con los simuladores de vuelo, en el modo más realista posible, pero al no entender demasiado, me derribaban con frecuencia. 

       La tercera crisis no llegó del tirón, sino poco a poco. En 2.016 me dediqué a promocionar mis libros en mi página de Facebook, además de escribir artículos interesantes. Se me llenó de seguidores, pero fue una alegría falsa. Pensé que solo era cuestión de tiempo que se interesaran por mis obras, pero no fue así. Ya llevaba tiempo jugando al "Rome 2: Total War". O sea, la segunda parte del anterior. Pese a que traía elementos más detallados, además de batallas navales más realistas, el juego era desesperante. La inteligencia artificial era un desastre. Si arrasas una aldea y se escapan 200 rebeldes ¿Cómo es posible que en el siguiente turno se te presenten 700, y además, armados con armaduras de primera clase? Y si vencías, los siguientes turnos eran parecidos. 

       Y si por casualidad ocupabas una ciudad, dabas viviendas, comercio, teatros, hospitales y alcantarillado a la población, ellos se te acababan amotinando, con las consecuencias que ya sabemos ¿Qué clase de lógica es esa? Así, da asco jugar. Tras ese, sacaron el Atila: Total war y varios más, que apenas jugué. A mí el que me gusta es el de Roma. Le han añadido muchos parches, y puede que aún le añadan más, pero no termina de convencerme. Hay mucha diferencia entre ese y la parte anterior. De hecho, el peor año jugón fue el 2.017, hastiado tanto de los videojuegos fallidos, como de las promociones literarias inútiles. Eso no evitó que en mi lista de deseados haya más de 90 juegos añadidos. Pero los miro con recelo. Sé que no son lo que busco. Miro y remiro sus vídeos promocionales, por si se me olvidara algo, pero no me llevo a engaño. Siempre acabo encontrándole parecido a otro jugado, anteriormente. Es como ver al mismo perro con distinto collar.

      Uno que sí me gustó un poco, fue "Battle Brothers", que representa a una cuadrilla de mercenarios que se gana la vida, librando de bestias y bandidos a ciudades imaginarias. Pero el juego está en inglés, y a veces te sacan enemigos casi inmortales. Lástima. Era muy prometedor. 
   
      Actualmente estoy aún en esta crisis. Igual ya tengo cierta edad y las aspiraciones son otras. Tampoco me sofoco mucho, ya que la creatividad que no encuentro en los juegos, la encuentro en programas para hacer animaciones sobre mis obras. A ver si la cosa sale bien. Ya, apenas presto atención a los Total War....A menos que salga un "Rome 3". Pero, a corto plazo, es muy dudoso.   

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