domingo, 15 de diciembre de 2013

Esos programas gratuitos que suelo usar

Durante un tiempo usé el programa de modelado "3d Studio Max", con el que me llevé más disgustos que satisfacciones. También es cierto que intentar modelar una cabeza humana sin apenas haber aprendido del todo los conocimientos básicos de ese programa, es poco recomendable.  

Del Photoshop, decir que en al año 2.008, aproximadamente, me vi obligado a aprenderlo por las circunstancias. El gratuíto "Pixia" se quedó obsoleto, y vi en los foros que todo el mundo usaba el Photoshop, y solo respondían las dudas relacionadas con ese programa de dibujo, por lo que me ví obligado a aprenderlo, y sabe Dios muy bien el trabajo que me costó, y el esfuerzo que tuve que hacer.

Supongo que muchos de vosotros habéis oído hablar de "The Gimp". Es la opción gratuita del Photoshop. Ahora que está muy extendido, y hay muchos foros y vídeos que hablan de él, es un crimen no utilizarlo ¡Con el trabajo que me había costado acostumbrarme al Photoshop!


El Blender es un programa de modelado 3d que a finales de los 90 tuvo mucho éxito, pero eso no evitó que la empresa quebrase. Uno de los responsables de dicha empresa fue capaz de reunir en menos de tres semanas una colecta entre los usuarios del Blender para pagar los derechos del programa y ponerlo en libre distribución. También me fijé en él en su tiempo, pero en aquellas fechas era un suplicio. Había pocos tutoriales en español, y además de una versión anticuada. El Youtube no estaba tan extendido. Ahora, al igual que The Gimp, hay muchos tutoriales y foros en español que te enseñan a manejarlo. Es el que voy a usar para sustituir al 3d Studio Max. Este último tiene más cosas que el otro, aunque el interface es más engorroso y complicado de manejar. De todas formas ¿Qué importancia tiene que el 3d Max sea mejor? Yo no lo voy a utilizar para diseños complicados. Para lo que quiero hacer, el Blender me basta. 

Otro programa de distribución libre muy a tener en cuenta es el "Makehuman" que como su nombre indica, es para crear figuras humanas. Me ha parecido leer en una engorrosa traducción del Google traductor ;) que pese a ser gratuíto, si lo usas para hacer videojuegos y venderlos, tienes que darle una parte a los creadores. Como no es mi caso, no le he prestado excesiva atención a esas indicaciones.


Inkscape. Este es el sustituto del "Illustrator", que tanto usé durante los cursillos de 2.011. Es un creador de dibujos vectoriales. Es decir, que si creas una imagen con este tipo de programa, no pierde calidad al cambiar de tamaño, tal y como ocurre con el Photoshop y sus derivados.


El Scribus es el que estoy usando como sustituto del "InDesign"; que fue el que me enseñaron a maquetar y editar textos en los cursillos de 2.011. Es muy parecido. No sabría decir cuál es el mejor de los dos. 


El Open Office casi no necesito mencionarlo, debido a lo conocido que es. Es una réplica del Microsoft Office. Una cosa que no me gusta de este programa gratuito es la lentitud en procesar las imágenes. Pero eso no le resta mérito alguno.


El navegador Mozilla Firefox. Durante mucho tiempo lo usé como navegador principal, pero con frecuencia se me corrompía, no se si porque era vulnerable a los virus, o porque no se actualizaba bien. Hace poco volví a usarlo de nuevo, pero no como navegador principal. Una de sus facultades es la de poder copiar y pegar el contenido de las páginas webs que está en pantalla.


Casi se me olvida mencionar el "Deep Paint". Este hace poco que me entré que estaba en descarga gratuita. Como puede verse, es un programa de dibujo pero más especializado en pintar texturas, sobre todo, de programas 3d. Pero parece que no tuvo suficiente aceptación, o que los diseñadores prefirieron al Mudbox o al Zbrush que son más avanzados. Por lo tanto, acabó como programa gratuito. A mi sobrinita le encantaba usarlo para pintarraquear.

Programas gratuitos hay muchos, y bien documentados. De aquellos que convierten tu ordenador en un órgano, hay muchísimos. La página donde hay muchos alojados es http://sourceforge.net/ aunque está en inglés. Realmente, creo que vale la pena echarles un vistazo antes que descargarse uno de los otros. 






  






sábado, 23 de noviembre de 2013

Promociones y blogs


   Tengo este blog algo descuidado. No escribo tantos hilos como en la primavera pasada. Eso se debe a que tengo varios más, y hay que promocionarlos y editarlos. Me propuse escribr al menos un artículo por semana, pero no va a poder ser, por el momento. Para colmo, hace poco más o menos un mes, me abrí una cuenta en Devianart, cosa que debí hacer mucho antes. Lo mismo pasa con mis visitas a otros blogueros. Parece que los tengo casi olvidados. Prefiero tomarme esto con tranquilidad, o me entrará el agobio que me entró en el verano del 2.005, y estuve casi un año sin blogear. Con un poco de suerte, igual tengo tiempo para todo, pero hay que saberlo administrar.


miércoles, 6 de noviembre de 2013

Música de mi epoca militar




Pensaba colgar este artículo en el Facebook de los compañeros de mili del Raca 15, 

pero como contiene videos, y Facebook tiene ciertas limitaciones algo engorrosas para 

poner los videos, decidí ponerlo en mi blog, y enlazarlo. Lo que viene a continuación 

son las canciones que se escuchaba en mi entorno, durante los primeros meses de mili, 

entre junio y septiembre de 1.982, que es cuando aún eres un "recli" (recluta), y el 

servicio militar, aún tiene muchos secretos para el recién llegado. 

Esta las escuchaba a todas horas; sobre todo, en la cantina de Cerro Muriano y en el 

autobús que me traía de vuelta a Cádiz

Miguel Ríos: Bienvenidos



Mike Oldfield (Platinum). Esta sonaba como música de fondo en unos documentales que 

nos ponían sobre el servicio militar. Ya me gustaba de antes, y a eso, le añado el 

recuerdo de mi estancia en el cuartel de instrucción.



Estos en el autobús de regreso a Cádiz

Los Chicos de la Bahía - Camino del Sur





Yuri: la maldita primavera



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Ya en el cuartel, entre julio y agosto. La escuché muchas veces, una de ellas mientras 

estaba de cuartelero en esos días. 

Monsoon-Ever so lonely



En una guardia en el castillo, la escuché de música de fondo, mientras miraba la Caleta.

Pink floyd: Speak to me



Una noche que me quedé a dormir en la batería. Pusieron muchos temas de 

Supertramp mientras dormíamos. Era alucinante escucharlos. Sobre todo, esta.


Supertramp - overture fool


lunes, 14 de octubre de 2013

De vuelta con el Illustrator

   Finalmente, me he decidido a coger de nuevo el programa Illustrator, y volver a participar en los concursos de logos, y derivados. Especialmente, en en la web que se denomina "99 Designs", que por lo que veo, es la que más visitas recibe. Fue Jose, nuestro profesor del curso de diseño gráfico, el que nos la mostró. Es de Indonesia. Al parecer, antes se llamaba de otra manera. Pero al mostrársela a un conocido, este dijo algo parecido a esta: "El noventa y nueve por ciento de los participantes, más que a ganar, va a aprender". Parece que el comentario gustó al responsable de la web, y la denominó con su nombre actual.

   Antes solo estaba en inglés, y nuestro ingenioso profe, nos pedía que pusiéramos el Google Chrome xomo navegador predeterminado, para poder traducir el contenuido. Eso fue en 2.011. Ahora, ya te lo traduce al español, y a otros idiomas más. Incluso te avisa cuando hay concursos en tu idioma.

   La imagen de la portada, pertenece a uno de esos concursos en los que participé. Tenía que hacer un logo para una camiseta para una asociación de defensa de los animales. Hace un par de semanas de eso. Curiosamente, fue el logo que menos me duró en lo que llevo de concursos. Lo colgué en la web, a eso de las cuatro de la tarde, y antes de las cuatro y diez, ya me lo había borrado. 

   A veces te tienen mucho tiempo esperando saber el resultado. Otras, no te descalifican, pero tampoco te puntúan, hay veces que el organizador del concurso te premia con una estrellita por intentarlo, pero resulta irónico que un paisano me eliminara la imagen tan pronto. Bien podría haberse echado una siestecita, antes de puntuarme. 
    
   Esto no deja de ser una anécdota. Todo el que haya participado en concursos de esos, sabe que le esperan muchos desengaños y rabietas. A veces, el patrocinador no sabe bien lo que quiere, y cambia las bases del concurso. Otras, parecía que el ganador ibas a ser tú, y en el momento más inoportuno, se presenta otro con un diseño mejor ¿Para qué contar, al ver a ganadores, cuya calidad es inferior a la de tus obras? Aún recuerdo el logo que un pastor, creo que protestante, pidió para una asociación infantil de su parroquia. Le mandaron auténticas maravillas, incluída una muy envidiable vidirera, que rechazó de plano, para aceptar como ganador a un logo que tenía un dibujo que parecía sacado de un tebeo ¡Hay que leerse detenidamente las bases, y saber lo que quiere el patrocinador.

   Bueno, pues a seguir intentándolo.


jueves, 26 de septiembre de 2013

Final de verano


   Ya se acabó, oficialmente, el verano. Para mí, en realidad se acaba, cuando se hace de noche más pronto. Esperaba un verano más aburrido, pero no ha estado nada mal. Sobre todo, con el inolvidable viaje que hicimos a finales de julio a Ibiza. Mis blogs han tenido altibajos; unas veces he escrito, y otras, no. Todo dependió de mi imaginación. 
   Me arrepiento un poco de haberme dejado llevar por la pereza, y no sacar las exhibiciones aéreas que a principios de septiembre se dan en mi ciudad, pero es que ya me cansa un poco, ver siempre los mismos aviones. Según parece, este año con la crisis, han estado, un poco más descafeinadas. 
   Admito que he sentido pereza al escribir. Es lo malo de hacer pausas prolongadas. Te acostumbras, y te cuesta trabajo coger el ritmo. Bien, aquí estoy de nuevo. Saludos a todos. 

martes, 27 de agosto de 2013

Disco aniversario


   No os extrañe ver algún que otro hilo mío, hablando de las discotecas. Después de todo, he pasado mucho tiempo en ellas, y he vivido alguna que otra anecdota, afortunadamente, sin consecuencias graves, pero pasando vergüenza propia alguna vez, y ajena, más veces. Pero hoy no viene a cuento hablar de eso.



   Así, de repente, me acordé que en septiembre será el aniversario de mi visita por primera vez a una “disco”. De eso hace….treinta años. Casi nada. Aún estaba en la mili. Fue un domingo por la tarde de principios del mes mencionado. En realidad ya había asistido a otras salas de fiestas improvisadas, como escuelas y talleres, que hacían los chavales para sacar dinero para el viaje de fin de curso o excursiones. Pero lo que se dice ir a una discoteca en toda regla, eso no ocurrió hasta el 4 de septiembre de 1.983 (o una semana más tarde). Pero me inclino más por la primera opción.


   Esa fecha pudo haber sido antes, de no ser porque yo estaba ahorrando para comprarme un radio casete por mi cumpleaños. En un artículo anterior hablé de él, y me llevé al menos tres meses o más, ahorrando hasta minimizar los gastos, provocando la rabieta de mis amigos; sobre todo, de Félix, que amenazaba con no contar conmigo para salir, si persistía en esa actitud. No es de extrañar por tanto, que cuando me metían guardia en el cuartel los domingos, respirase un poco aliviado.  Al principio las aborrecía, pero el ambiente había cambiado. Septiembre de 1.983 no era el de 1.982. El ambiente había cambiado, considerablemente, y las amigas de entonces, no eran sino una sombra de lo que fueron antes ¿Por qué no tomarse la vida con calma? 

   Cuando por fin abrí la lata, descubrí algo decepcionado, que el dinero no era suficiente. Tenía que haber ahorrado 10.000 pesetas más o menos (sesenta euros) y había poco más de seis mil (cuarenta y tantos euros). Mi padre me acompañaba, y como regalo de mi santo, puso lo que faltaba.  Hago saber que mi santo es cinco días antes que mi “cumple”.

   Bien, ya tenía el radio casete. Se acabaron las restricciones. Ahora, por fin, podíamos ir a la disco. Me acompañaban Félix, José el gallego, y Luís el australiano.  Dentro se encontraba la hermana de este último, acompañada por sus amigas.


   Lo pasamos muy bien, no podíamos quejarnos. No sería la última vez que visitáramos esa discoteca; al menos, Félix, Luis y yo. José, no. No le gustó. De hecho, lo advirtió antes de entrar. Sospechaba que no era lo que buscaba, pero por una vez, no había problema. No nos extraño, pues es un chaval que se toma la vida con filosofía. Hace mucho que no lo veo por la calle. Lo mismo digo de Félix. Ese, a mediados de los 90 se fue a León, ya que su padre trabajaba en una inmobiliaria. Al parecer tuvo problemas con su socio, y tuvo que irse a otra ciudad a buscar trabajo. A Luís le fue peor. A principios de los 90, tuvo alguna enfermedad. No sé si cáncer cerebral, derrame cerebral, o algo parecido. El caso es que murió. Descanse en paz. Lo he echado mucho de menos.


   La discoteca cambió de nombre y de ambiente, a principios de 1.994. Ya no te permitían la

entrada si no vestías con elegancia. Volvió a cambiar, y a recuperar el nombre. Pero hace tiempo que no voy por ahí ¿Quién sabe? Puede que algún día, me entre la nostalgia y me acerque. De momento, le he hecho este homenaje en mi blog.  

martes, 20 de agosto de 2013

Noche de marcha

  


 No tengo ningún inconveniente en ir de juerga por la noche con Pablo y Paco. Ellos son unos tíos muy marchosos con los que puedes divertirte. Pero no puedo decir lo mismo del amargado de Angel. Por mí, que no venga.
   —No pasa nada, Miguel. Angel es un buen tipo.
   —Eso es. Solo hay que darle un poco de confianza. No seas gruñón, Miguel
   Decido acceder para que no me tomen por patoso. Pero eso de que Angel es un buen tipo que solo necesita confianza, es pura mentira. Digo y repito, que ese chaval es un amargado. Ya lo conozco de vista. Lo vea muchas veces en el recreo, cuando estudiaba formación profesional.  Casi siempre solo, mirando con envidia a los compañeros que tenían novias. También escuché que en los “boys scouts” lo echaron del grupo, por dedicarse a meter cizaña entre los compañeros por intentar aislar de su patrulla a dos chavales que no le caían bien.
   De eso, hace ya tiempo. Ahora, que tenemos entre veintidós y veintitrés años, esas cosas pueden sonar a chiquilladas. Pero pienso que las personas no somos tan distintas con el tiempo. El que no fue destacable durante la adolescencia, rara vez lo será después. Pero la mayoría de los inconvenientes que encuentro para que Angel nos acompañe, me los guardo para mí. A ver si encima, mis dos colegas van a pensar que el patoso soy yo.



   Como no tenemos coche, cogemos el autobús. Durante el recorrido, hablamos animadamente. Angel, para no variar, parece ajeno a nuestra conversación.
   Llegamos a una parada. Se suben cinco chavalas. Una de ellas la conozco de verla por mi barrio. Parecen muy ilusionadas.
   —Primero iremos a la disco de la calle Principal, luego a la otra disco que está más cerca. A continuación, al pub ese, que está cerca del Ayuntamiento ¡La noche es nuestra, chicas!



   Sonrío. El pueblo al que nos dirigimos tenía muchas salas de fiestas. Pero entre la crisis y la multa que tuvo que pagar el dueño de dos de esas discotecas, obligándolo a cerrar, solo ha quedado la de la calle Principal Ahí, pasaremos toda la noche. Hay además otras de menos categoría, en la que solo hay peleones y drogadictos.
   Llegamos a la parada. Pablo y Paco proponen que antes de entrar, tomemos algo de comer. Angel no es partidario de eso.
   —Debisteis de habérmelo dicho, antes de venir. Si comemos, no voy a tener dinero suficiente para entrar en la “disco”.
   —Pero hombre ¿No sabes que estar toda lo noche sin comer es malo? Pregunta el sorprendido Pablo.
   —Comed vosotros. Yo me iré a dar una vuelta mientras coméis.



   Empezamos mal. Decidimos hacer una colecta para pagarle un bocadillo y una cerveza. Ni siquiera nos da las gracias, sino que tras coger sus vituallas, se sienta en un asiento aparte. Eso nos sienta mal.
   Cuando terminamos de comer, le preguntamos por qué ha hecho eso, y nos dice que le da asco vernos hablar con la boca llena. Otro detalle feo, que además es mentira, porque guardamos silencio mientras comíamos. Vamos al servicio del bar, Paco y yo. Este, irónico, sonríe, dándome la razón.
   —Parece que Angel no está a gusto en nuestra compañía.
   —Sí. El es un ángel, y nosotros, demonios. Le contesto.
   —Lo malo es que Pablo tiene una paciencia de oro.
   Tardamos unos quince minutos en salir. Vemos que Pablo está discutiendo con un chaval. Hay gente alrededor. Queremos saber lo que ha pasado. Los amigos del chaval nos informan que Angel le ha dicho una guarrada a una chica que estaba con ellos. Su novio se ha enterado, y amenazó con partirle la cara. Pablo ha salido en su defensa.
   —Más vale que sujetes de la correa a tu amigo, o tendrá problemas.
   —No te permito que hables así de él. Angel no es un perro.
   —Vale, no quiero discutir contigo. Tú no me has hecho nada. Pero si quieres un consejo amistoso, manda lejos a ese “angelito”.
   La discusión parece subir de tono. Los separamos, y decidimos salir a una plazoleta cercana. Pablo está que trina. Angel se ríe, burlón.
   —Menudo cagoncete estaba hecho el gilipollas ese. Tiene que tener unos cuernos tan grandes como una catedral ¿Habéis visto como iba vestida su novia?
   Parece que Pablo no tenía tanta paciencia como imaginábamos. Con brusquedad, manda guardar silencio a Angel.
   —Aunque no te guste su forma de vestir, eso no es motivo para llamarla “guarra”. Si lo haces, que no sea estando nosotros contigo.
    Angel se cruza de brazos, como un príncipe ofendido.
   —Vale, vale. Me echáis. Pues muy bien. Me voy.
   Nos miramos. Esa actitud es muy infantil, pero no sabemos lo que va a hacer Angel, dando vueltas toda la noche, por un pueblo que no conoce bien. A regañadientes acepta seguir con nosotros. Pero se muestra callado y distante.



   Por fin,  dos horas después de comer y dar una vuelta, llegamos a la discoteca. Las chavalas que vimos en el autobús tienen cara de decepcionadas. Parece evidente que ya han visitado aquellos sitios tan ambientados seis meses antes, pero que ahora son locales muertos.
   Decidimos bailar un poco en la pista. Angel se queda sentado en un rincón, y no nos mira. Paco protesta.
   —Vaya con el coleguita. Nos va a amargar la noche.
   —No, hombre. Lo que pasa es que no nos conoce bien. Tal vez, hice mal en gritarle. Dijo el conciliador Pablo.
   Le decimos que la bronca que le armó, bien armada está. Nada justifica esa subida de tono con la chica del bar.
   —Ciertamente, no debió de insultarla, pero pensad un poco. Angel no parece haber tenido novia nunca. A lo mejor, en vez de decirle “guapa” a la chica, tuvo un desliz, y le dijo “guarra”.
   Pablo parecía tener remordimiento por haber abroncado con razón a Angel. Nuevamente hacemos una colecta, pero esta vez para bebidas. Con sonrisa amistosa, le deja caer en la mesa, una botella de cuba libre.


 
   —Todo para ti, Angel. Le dice, mientras le da una palmada en la espalda.
   El aludido parece contento. Tras beber un par de tragos, se anima a bailar. Pero lo hace, alocadamente, y sin control. De hecho, una chica lo mira con mala por haberla pisado sin querer. En un rincón de la pista hay cinco o seis chicos que visten de cuero, y parecen gays. Pero van a lo suyo, y no se meten con nadie. No puede decirse lo mismo de Angel, que para nuestro espanto, se ríe de ellos a carcajadas. Los gays hacen como si no lo vieran, y pasan de él. Nosotros intentamos abrirnos paso entre la multitud, pues intuimos que va a haber problemas. Así, es.



   La paciencia es una virtud. Los gays de la discoteca son realmente virtuosos. Pero todo tiene su límite. Uno de ellos acaba por ponerse nervioso y le da un empujón a nuestro acompañante. Este saca una navaja de su bolsillo, y lo amenaza. Los compañeros del ofendido sujetan a Angel la mano, y lo tiran al suelo.



   Hecho un “berserker” Pablo acude en su defensa. Paco y yo hacemos lo que podemos, pero no sirve de mucho. Lo último que recuerdo del enfrentamiento es a un gay bigotudo que me tira al suelo, y se lía a tortas conmigo. Parece que a Paco le pasó lo mismo, pero con uno calvo. Más tarde me enteré, que el bigotudo se llamaba Jose María.


   Llega la policía. Nos lleva detenidos a comisaría. Parece que Pablo ha dado muchos problemas. Es acusado de agresión múltiple. Cuando el agente le pregunta el motivo de su actitud, se limita a decir que estuvo borracho. Los gays imitan su ejemplo, al igual que nosotros. Ha sido una pelea desafortunada, y no queremos problemas. Pero Angel es un patoso. Para nuestra sorpresa, acusa a Pablo de ser el que empezó la pelea. Nuestros rivales nos miran comprensivamente, como diciendo: “Vaya colega más felón tenéis”. Pero no le hacen caso. Finalmente, Angel se derrumba, y acaba admitiendo que él empezó. Les decimos a los agentes que tenemos que coger el autobús dentro de una hora. Por fortuna nos dejan salir.



 Nuestros rivales nos dan la mano amistosamente, y se presentan. El nombre del que Angel se puso a molestar, se llama “Ignacio”. “Iñaki” para los amigos. Nos invitan a comer churros, y nos acompañan hasta la parada. En verdad son buenas personas. Angel se pasa todo el tiempo mirando al suelo, avergonzado. No dice ni una sola palabra.
   —Siento lo ocurrido. No volverá a pasar. Dice Pablo, avergonzado.
   —Lo comprendo. Por un amigo se hace lo que sea. Dice Iñaki.
   Nos montamos en el autobús. Ellos se despiden de nosotros, y nos aconsejan que controlemos el alcohol. Nos comprometemos a hacerlo. Jose María me pide disculpas. Me pregunta si me duele. Le digo que no, pero miento. De todas formas parece buena persona, y todos queremos olvidar el desagradable suceso.



   En el interior del vehículo se encuentran las chicas decepcionadas. Al vernos, nos preguntan cómo nos fue en comisaría. Por respeto, decido contar una versión diplomática de lo ocurrido. Les explico que todo fue una confusión, un malentendido que se produjo por causa de la influencia del alcohol. Pero el avergonzado Angel, tras varias horas guardando silencio, grita lleno de ira.
   —¿Un malentendido causado por el alcohol? ¡Y una mierda! Yo no bebí tanto.
   Decido hacer caso omiso a las palabras de Angel, y sigo contando lo que ocurrió. Este, al sentirse ninguneado, decide contradecirme.
   —Me reitero en lo que dije a la policía ¡Empezasteis vosotros!



   Pablo lo mira, lleno de asombro. Esa no es forma de hablar de unos amigos que han dado la cara por él. Angel se explica mejor.
   —Disculpad que os hable así. Vuestra intención fue buena. Pensasteis que yo estaba en apuros, pero no era así. Yo controlaba la situación por increíble que os pareciera.
   —Claro, claro. Dijo el irónico Paco.
   —Sí, sí. De verdad ¡Vaya, tíos, qué apuro! Pensaréis que soy una ingrata persona ¿Verdad?
   —A mí, no me lo parece. Dice Paco sin abandonar su actitud.
   —Hombre, tú me dirás qué es lo que debemos de pensar de alguien que deja tirados a sus compañeros de juerga, y se pone a buscar pelea a los demás. Dijo el enojado Pablo.
   Angel hizo un gesto significativo, señalando con el dedo a su interlocutor.

   —Ese es el error. No me estaba metiendo con esos chicos. Solo pretendía conocerlos. Pero ellos me ignoraron vilmente, y no pude evitar amenazarlos. Hice mal, pero yo soy así. Lo siento; ese Iñaki me gustaba, y se me cayó el mundo encima cuando vi a Jose María, abrazarlo.

martes, 13 de agosto de 2013

La hadita en el desván


  
 El hada Mercurita siempre sintió curiosidad por saber lo que guardaba el oscuro desván de su escuela de magia. Unas alumnas mayores le dijeron que no había nada en especial. Otras, por el contrario, le dijeron que había hechizos de todos colores, pergaminos con recetas mágicas y otras cosas insólitas que despertaban su atención.



   La hadita no descartaba que la mayor parte de lo que le habían dicho fuera mentira. Lo cierto es que para bien o para mal, quería entrar, hubiese lo que hubiese. Apenas llevaba un par de meses en esa escuela y había mucho por conocer. Por supuesto, los profesores prohibían a sus alumnas y alumnos acceder a algunos lugares. Decían que eran sitios privados a los que los niños no podían ir. El desván era uno de ellos.
   Los desvanes siempre llamaron la atención de la alumna. Recuerda que una vez su vecina, días antes de mudarse de piso, permitió a ella y a su madre acceder a su casa para llevarse las cosas que no le interesaban o no podía llevarse. Las guardó en el desván. Ella se llevó poco, porque apenas había objetos de uso infantil, pero quedó encantada. Para ella, cada desván es una puerta de acceso a otro mundo, independiente de su contenido.
   Un sábado por la tarde, aprovechando que la mayoría de sus compañeros internos salieron a pasear por las calles de la ciudad, pensó que sería el momento adecuado para intentar acceder a esa estancia en las que tantas veces había deseado curiosear.
   Sus compañeras más cercanas le preguntaron el motivo por el que no las acompañaba a pasear. Ella les dijo que le dolía la cabeza. Cuando el colegio quedó casi vacío, se aseguró sobre todo, de que el portero no la veía acceder. Este estaba enfadado con ella, debido a su manía de tirar las cáscaras de pipas al suelo, y dificultarle sus labores de limpieza. Ella protestaba ¿Acaso era la única que lo hacía? ¿Por qué no le decía lo misma a sus compañeros?  Por ese motivo, en cuanto se daba la vuelta, la ofendida hadita, le ensuciaba el suelo como represalia.


   Nadie por aquí, nadie por allí. Señaló con el dedo al deteriorado candado, y le aplicó el hechizo “Desbloquear” ¡Listo! Ya podía entrar. Cerró la puerta con cuidado y encendió una vela que traía.

   El espectáculo fue maravilloso para sus ojos. Había tres estanterías llenas de toda clase de objetos. Muchos de ellos eran adornos decorativos usados para decorar el patio de la escuela para celebrar la llegada de un año, o para despedir a los alumnos de un curso finalizado.    
    También había juguetes y objetos diversos. Se preguntaba el motivo por el cual no se los habían llevado. Sí, es cierto que al igual que sus compañeros, las hadas y hados están allí para aprender a hacer el bien a los demás. Pero gente caprichosa la hay en todas partes, y le extraña que las estanterías estuvieran tan llenas. En cuanto al hechizo que lanzó a la cerradura, es de uso muy común, y hasta el alumno más torpe puede usarlo.
   Mercurita se llevó casi media hora toqueteando los objetos y curioseando. Solo la luz de la vela, que se estaba apagando, la hizo volver a la realidad. Bien, ya se había divertido bastante por hoy. Es hora de salir. Otro día continuará.
   No tuvo ninguna dificultad en salir. Menos mal. Cogió el candado y lo volvió a poner en su sitio. Se llevó el trozo de vela que le quedaba, esperó a que se enfriara, y lo guardó en el bolsillo. Vio que los pocos compañeros que estaban en la escuela se dirigían a merendar ¡Buena idea! De jugar le había entrado hambre.




   Al entrar en el comedor se puso a la cola para coger el bocadillos. Se dio cuenta de que la gente la miraba con atención. Eso no le extrañó. Mercurita era muy espabilada, y si podía, se colaría. Igualmente, si la comida era de su agrado, repetía sin pedir permiso. Ya la habían cogido un par de veces, y castigado. Aguantó con indiferencia las miradas de sus compañeros. Ese día no se iba a colar. Pero en cuanto pudiera….
   De pronto, sintió una palmadita en el hombro. Era la directora.
   —Mercurita ¿Te has lavado las manos?
   —Hola, directora. No lo creí conveniente. Las tengo limpias. Además, si me entretengo demasiado, no podré comerme un bocadillo de lo que me guste.
   La docente sujeta una de las manos de Mercurita, y se la pone delante de los ojos.
   —¿Estás segura de que no necesitas lavártelas?
   El hada se asusta ante lo que ve. Las muñecas desprenden un extraño brillo plateado. La directora le señala los zapatos, que brillan también; lo mismo que el vestido y su pelo.

   —Has estado curioseando en el desván ¿Verdad? Hace tiempo, unos alumnos hicieron lo mismo que tú, y rompieron un bote de purpurina plateada. El polvo está por todas partes, y se pega a las paredes, las ropas y al cuerpo. Como el interior está muy oscuro, apenas se nota, hasta que sales fuera. Este domingo te quedarás castigada durante una hora, haciendo tarea, por entrar en un lugar de acceso prohibido. Luego, si te portas bien y me pillas de buen humor, te dejaré ir a dar una vuelta.





   La hadita sonrió con resignación. Admitió que se lo merecía. Lo malo fue que cuando las compañeras llegaron, se burlaron de ella. Pero en su interior, Mercurita pensó que había valido la pena. Una hora haciendo ejercicios de matemáticas, y unas risitas burlonas durante unos pocos minutos eran un precio muy pequeño a pagar por explorar un mundo, hasta entonces desconocido. De hecho, no descartaba entrar otra vez. Pero tendría la precaución de ir al cuarto de baño, nada más salir.