miércoles, 19 de diciembre de 2012

Esa película que nadie me quiso contar


Cuando yo era un niño, el entretenimiento estrella era el cine. No había ordenadores, y mucho menos, internet. A continuación, os hablaré de una peli, que la mayoría de los amigos la habían visto, pero yo, no.

Se trata de "El bueno, el feo y el malo". Había tiros por todos lados, pero eso era muy común en las autorizadas para todos los públicos en los años 60 y 70. Disparos y violencia, toda la que quisieras. Mientras no saliera un charquito de sangre durante más de dos segundos, todo valía. Y si era para mayores de 14 años, el 90% de las veces, el portero hacía la vista gorda y te dejaba entrar. El hecho de no haber visto la peli mencionada fue simple y pura mala suerte. No había coincidido un día que pudiera acompañarme algún amigo o familiar. Para saber de qué trataba, pregunté el argumento a mis conocidos. Estos, tras pensar un rato, optaban por poner mala cara, y decirme: "Ve a verla". Los más pacientes me describían algunas escenas, pero cuando yo les pedía un argumento claro, optaban por hacer lo mismo que los otros.

En cuanto a la música, de sobra era conocida por mí. Mi padre me regaló varias cintas con bandas sonoras de western, entre ellas, la de la peli. Me hice amo y señor del magnetófono por un tiempo, y cada dos por tres ponía alguna de las cintas. Tenía a mis parientes aburridos de tanto escuchar música del Oeste.

Yo me preguntaba ¿Cuál era el motivo por el cuál, nadie quisiera contarme de que iba? Las películas de pistoleros no suelen tener mucho qué contar. Normalmente, llega el villano al saloon, pide un whiskey, y de pronto ve al bueno bebiendo zarzaparrila. Se burla de él, lo llama "mariquita", empieza el reparto de tortas, y cuando ya se han sacudido bastante, comienzan a cantar las pistolas. Así de simple. Pero esta peli no cumplía con esa "norma".

Mucho tiempo más tarde, a finales de los 80, por fin pude verla en la tele. Entonces, comprendí con razón el motivo por el que un Western puede ser difícil de contar. Su duración es tal vez, tres horas; no estoy seguro. Pero más de dos, seguro que sí. Bueno, ya que estas leyendo esto, lo mejor es que te cuente de qué va, para animarte a que la veas o no. Si he sido tan convincente que quieres verla sin saber más, te aconsejo que no leas lo que viene a continuación.

---------------------------

La acción se desarrolla a principios de la guerra civil americana; sí, esa guerra en la que el norte y el sur de los Estados Unidos se lían a tiros. El bueno, el feo y el malo son tres buscavidas. El feo es un vulgar ladronzuelo despistado pero con mucha maldad. Se llama "Tuco Benedicto Pacífico Juan María Ramírez", o simplemente, "Tuco" para los amigos. Este llama al bueno, "Rubio" y el malo se hace llamar "Sentencia".

La cosa empieza con tres soldados del sur que fueron expulsados del ejército por perder un cofre de dinero. Llamémosles, "Soldado A", "Soldado B" y "Soldado C" para no hacernos un lío. El Soldado A, (o ex soldado) sospecha que sus otros dos compañeros se han quedado con el botín, y decide contratar a Sentencia (el malo), para que interrogue y mate al Soldado B, y averigüe la nueva identidad del Soldado C; pues sabe que ha vuelto a alistarse de nuevo, seguramente para coger el botín.

El nervioso Soldado B, que se ha metido a granjero, habla demasiado. El malo, que no sabe nada de la desaparición de la caja de dinero, se da cuenta del futuro que le espera si sabe jugar sus cartas.

Entretanto, el bueno se ha asociado con el feo. El Rubio se hará pasar por un cazarecompensas, entregará a su socio al sheriff de la ciudad más cercana, y en el momento en el que las autoridades lo vayan a ahorcar, disparará a la cuerda y rescatará a Tuco. Se repartirán las ganancias y volverán a hacer lo mismo en otra ciudad. Sentencia observará el rescate desde un rincón, con aspecto divertido, pero sin entrometerse. Los tres ya se conocen de vista, y saben a lo que se dedica cada uno.

La asociación entre el bueno y el feo comienza a hacer aguas. Tuco se cansa de cobrar la mitad de la recompensa. Despues de todo, se juega el cuello. El bueno no está de acuerdo. El es su rescatador. Su vida depende de él. Prefiere dejar las cosas como están. Un día, la rabieta llega a más. El feo, recién rescatado, con dolor de cuello, y las manos aún atadas, vuelve a protestar. El bueno, harto de él, lo abandona en ese estado, en el desierto. Pero está más o menos cerca de un pueblo. Anima al feo a que se tome la vida con calma, y logrará llegar bien. Por supuesto, no le da su parte acordada de la recompensa.

Horas más tarde, Tuco llega muy acalorado al pueblo. Tras muchas andanzas y vueltas, coge desprevenido al bueno, y le hace lo mismo que le hizo a él; llevarlo al desierto. Pero las intenciones del feo son más siniestras. Se lo quiere cargar. En el momento más inoportuno, ocurre un suceso inesperado, que hará que la historia dé un vuelco. Y hasta aquí, voy a contar.
                                          --------------------------------------------------------------

Una cosa que me llamó mucho la atención fue el armamento más moderno que usaban los tres compadres; mejor que el de los soldados. Pensé que era un error de ambientación histórica. Pero al informarme mejor, vi para mi sorpresa, que eso era así. El ejército estadounidense no estaba dispuesto a gastarse el dinero en renovar los mosquetes de chispa de sus soldados, algo mejores que los de la época de Napoleón; tenían el interior del cañón, rayado, para que la bala no se deslizara durante el disparo. Si un oficial generoso accedía a renovar a su tropa, pagándolo de su propio bolsillo, pues vale. Pero hubo pocos. No era pues de extrañar que forajidos e indios usaran un armamento mejor que el de las fuerzas armadas. Eran otros tiempos.

Su director, el italiano, "Sergio Leone" se esmeró, mucho. La peli se rodó en Almería. A destacar la excelente ambientación, enfoques y tomas. Añadir la monumental banda sonora de "Enio Morricone" que además, era amigo del director. Se cuenta que el poncho de rayas que usa "Clint Eastwood", al parecer, es de su propiedad. Se lo puso, no solo en esa película, sino en las otras dos más que rodó, anteriormente, con el mismo director.

Lee Van Cleef, que hasta ese momento era un actor secundario, y que en ese momento estaba alejado del cine, y pendiente de pintar un cuadro por el que le iban a pagar treinta dólares, se apresuró a viajar hasta Almería cuando supo que le había tocado un papel estrella en dos pelis de Sergio Leone, siendo este último, del malo.

Es, sin duda, un encanto de película. Pero no dejó de asombrarme que un "western" tuviera un argumento tan sofisticado.




viernes, 16 de noviembre de 2012

¡Cómo pasa el tiempo! (Sí, otra vez, el cine Almirante)

Sí, esta es la nueva imagen del antiguo cine Almirante, del que hablé, un poco más abajo. Tal y como dice el letrero, es el "Congreso de las cortes de la isla de León". Lo de "Isla de León" era la antigua denominación de S. Fernando. Y a los que nacieron allí, los gaditanos, los llamamos, "los cañaíñas", seguramente por el tipo de molusco que alberga sus aguas. Pero no solo el edificio ha cambiado. Las calles son ahora, peatonales, y está previsto que tenga tranvía. Esta foto es del mes de octubre, al contrario que la de abajo, que tiene cuatro años. Siempre me gustó, S. Fernando. Lo malo es que la visito poco. Antes, era de paso obligatorio, para ir a otros pueblos cercanos. Pero abrieron otra carretera, y ya no lo es, salvo que no tengas más remedio que ir allí, expresamente. Veremos lo que tarda el tranvía en aparecer. No os quepa duda, de que lo fotografiré, también. Nos vemos.  

sábado, 3 de noviembre de 2012

Negra noche (relato)


Este es un relato, que hace poco colgué en la web de "wattpad". Muy bueno para ser leído, en el mes de noviembre ;)
Este es el enlace:


lunes, 22 de octubre de 2012

Una imagen para el recuerdo: El cine Almirante


Cuando yo era niño, pasaba mucho por delante del cine Almirante de S. Fernando (Cádiz), cuando en los años setenta, iba con mis padres de paseo, los domingos. Me impresionaban sus gigantescas carteleras, cuando pasábamos por allí, con el coche. Se me desbordada la imaginación, y en mi interior deseaba ver todas las películas que ponían; que con frecuencia eran de terror o ficción. Pero no fue, hasa finales de los ochenta, cuando entré por primera vez. Solo ví, dos películas an total: "Los Inmortales" y "Amsterdamned". 

"Los Inmortales" ya la ví, con anterioridad. Pero ese sábado por la tarde, creo que era, mi primo y yo, estábamos aburridos, y no sabiendo qué hacer (y sin internet ;) ), nos decidimos a verla a de nuevo. El argumento, es de sobras conocido: Unos inmortales distribuidos por todo el mundo, sienten deseos de matarse unos a otros, mediante el método de cortarle la cabeza a su rival, hasta que solo quede uno.

"Amsterdamned" tal vez la viera a principios de los 90. Estaba en esos tiempos aprendiendo en unos cursillos, y resultó que el profesor, no vendría en toda la tarde. Así que, cogí el autobús de Cádiz a S. Fernando, y fuí a verla. Al principio sentí mucha intriga, ya que la ambientación era la de una película de terror. Luego, quedó totalmente claro, que la película era detectivesca. Un asesino en serie que se escondía en los canales de la capital de Holanda, se dedicaba a matar a la gente. Me pregunté si la película fue hecha para promocionar el turismo, ya que la cámara sacaba el entorno callejero, con todo lujo de detalles. Tal vez no fuera mala película, pero si entras a ver una que piensas, es de terror, y en vez de un monstruito sembrando el terror, te encuentras con coches de policia, tocando la sirena, te entra una enorme rabia.

A mediados de los 90, el cine cambió, y se convirtió en discoteca. También la visité, y con mucho más frecuencia aún, que cuando era cine. Qué tiempos, aquellos. Incluso habían puesto un par de proyectores viejos de gran tamaño, como decoración, cerca de la pista, y que seguramente se usaron para proyectar aquellas películas que tanto ansiaba ver en los 70. Pero con la llegada del segundo milenio, la disco cerró. Ahora es una sala de exposiciones y el congreso.     

sábado, 21 de julio de 2012

Los gatos que inspiraron mi avatar


Estos gatitos son un anuncio que ví en la revista "El Semanal" a finales de los 80; quizás 1.988. Eran al parecer, un cuadro o un póster. El caso es que me gustó, lo escaneé y lo guardé. Algunas veces lo he tenido como fondo de escritorio en mi viejo 386. No es de extrañar que cuando busqué un símbolo que me representara, me inspirara en la foto. Recuerdo que incluso intenté reproducirlo en el Spectrum, con el "Melbourne Draw" que era en aquellos tiempos, como el "Photoshop" pero sus limitaciones hicieron que la cosa no saliera muy bien que digamos, aunque me alegré de intentarlo. Si hasta diría que soy el único en mi familia que siente un poco de simpatía por los gatos. Mi padre, cuando llevaba la tienda de comestibles con mi tío, tenía uno, rubio. Pero el muy gamberro no solo cazaba ratones, sino que una vez encontró donde guardaban los quesos y se lió a mordiscos con ellos. Cuando vió el estado de éstos, se echó las manos a la cabeza ¿A quién iba a venderlos ahora? Así que hubo que echar al gato a la calle. Pero como todos los que han tenido gato, saben; éstos bichos son muy pesados. No se conforman con un "no". A veces, insisten hasta la pesadez. Yo no tengo gato, ni tuve, ni quiero en mi casa. En la mili también los había. Se ponían muchos en la puerta, cuando íbamos a tirar los restos de comida. Un perro que tenía mi hermana, muy juguetón, por cierto, se llevó un arañazo de un gato que no quería jugar con él. Mi primo de pequeño, los aborrecía. Vivía en una casa, medio granja. Era un lugar de paso para los gatos, a los que tiraba piedras, como no estuvieran muy atentos.Una vez le pregunté el motivo de su odio y me respondió, que se colaban en al gallinero y mataban a los pollitos. Pase lo que pase y a pesar de todo, no puedo evitar mi simpatía por los felinos.

miércoles, 18 de julio de 2012

Un blog, dos blogs, tres blogs....


¿Cuántos blogs llevo ya? Recuerdo que el primero de todos, lo abrí en septiembre del 2.004 para promocionar mis relatos, que empecé a escribir desde junio del mismo año. Y no me iba mal, pero ocurrió algo imprevisto. Le cogí gusto a comentar cosas actuales y de otro tipo no relacionados con mis relatos. Tener un blog para hablar de todo, no es mala idea, pero no lo entendí entonces. Por eso abrí otro; uno para mis relatos, otros, para el día a día. Pero me agobié. Me tomé como una obligación, actualizar ambos blogs, y no siempre tenía inspiración para ello.

Cambiar de blog, era para mí, como cambiar de camisa. Unos por una cosa, otros por otra. Recuerdo que el primero era de "Blogia", una marca española. Creo que era http://tio-antonio.blogia.com Pero por desgracia, el asunto se le escapó de las manos a Roberto, el propietario de "Blogia". Sus servidores eran muy poca cosa para tantos blogs, sobre todo, en verano. No daban abasto y estaban con frecuencia bloqueados. Ahora, creo que están en venta. Una verdadera pena.

También tengo otros más. El que más usaba de esos, acabé por aborrecerlo. Se me agregaron unos usuarios que no pretendí que se me agregaran. Sus gustos eran distintos a los míos. Cuando ponía un relato no había comentarios. Así que tuve que añadir cosas del día a día....y borrar los relatos. Una vez más, caí en el mismo error de los viejos tiempos.

Un día, con otra cuenta de gmail, distinta a la que uso siempre, abrí este. Esta vez trataré de agregarme a más gente que le guste la literatura. A ver cuánto dura.

Saludos.  


martes, 17 de julio de 2012

La cuarta orden (relato ficción).



   Me llaman “El Guardián”. Tengo 56 años y vivo con mi pueblo bajo la superficie marciana. Nuestra orgullosa civilización se ha deteriorado hasta niveles que difícilmente hubiéramos imaginado antes. Ahora estamos pagando el precio de nuestra estupidez.
   Esas bellas y esplendorosas ciudades que anteriormente fueron envidiadas, ya no existen. Sus escombros yacen mezclados con la arena del inmenso desierto. Aquellos grandiosos monumentos que debían perpetuar las glorias de gobernantes y militares, cayeron con estrépito. Sus virtudes y sus fracasos, también serán olvidados en breve tiempo.
    La población ha sido brutalmente castigada con la muerte y la ruina. No teníamos cosas mejores que hacer que luchar entre nosotros y eso hicimos. No hubo vencedores pero sí un terrible castigo para los vencidos, que fuimos todos. Nuestras condiciones de vida bajo tierra son tan duras, que muchas veces nos preguntamos si tiene sentido nuestra existencia. No debemos echarnos atrás. Hay que seguir adelante aunque hayamos tenido que renunciar a muchas cosas. Luego vendrán tiempos mejores y espero que ésta durísima prueba, nos sirva para algo y desterremos de nuestras conciencias el egoísmo.
   Los ejércitos, ya no existen ¿Para qué? Somos pocos y ahora sí que tenemos mucho que hacer, como para pensar en la guerra. Sin embargo, no bajamos la guardia. Tenemos que enfrentarnos a una nueva amenaza: Los terrícolas.
   Esos entrometidos seres, siempre están curioseando por el universo. No contentos con haber llegado a La Luna y lanzado a través del espacio numerosas sondas exploradoras de fea y extraña apariencia, parece que han puesto sus inquisidores ojos en el desolado, pero querido Marte.
   Como es natural, no nos gustan esos intrusos. Muchas veces, llegamos a tiempo de destruir sus estrafalarios vehículos exploradores, otras les dejamos que curioseen y fotografíen en parajes desérticos de poca importancia, creyendo que perderían el interés en nuestro planeta y nos dejarían en paz. Pero no ha sido así.
   Hace pocas horas, mi radar ha detectado que una nave tripulada con cuatro hombres, ha descendido en una zona de cierta importancia ¡Mal asunto! Eso nos obligará a tomar decisiones drásticas. Así que antes que nada, decido enviar a mi robot “Metauro IV”. Este tiene el aspecto de una brillante bola de tonos broncíneos, equipada con cámaras, sensores especiales y armas.
   Tras un silencioso viaje arrastrándose por la arena, el Metauro llega a su destino. Por sus costosas cámaras, puedo comprobar que han tenido tiempo de construir unas estructuras habitables y otras donde depositan el material encontrado. Dentro de poco, oscurecerá. Si mi intuición no me falla, el oscuro y traicionero manto de la desértica noche marciana, será testigo de unos sucesos terribles.
   Hay un par de módulos separados por algo más de 50 metros, en los que se alojan los astronautas. Dos tripulantes en cada uno de ellos. Parecen extremadamente contentos por los objetos hallados. Pasan las horas y los delicados sensores del robot, no registran movimientos entre los humanos. Están durmiendo. Es hora de actuar.
   Conozco muy bien mis órdenes. La primera ya está hecha y consiste en llegar al objetivo. La segunda, en hacer un reconocimiento. La tercera, evaluar la situación. La cuarta, tomar medidas.
   De inmediato, activo la segunda orden. El robot, despliega ocho patas y camina silenciosamente. En la pantalla puedo ver los objetos; unas piedras con escrituras muy desgastadas, unos recipientes que al parecer contienen muestras de agua y los restos de una nave que fue en su día el orgullo de nuestra flota espacial.
    Tomo la decisión a los pocos segundos. No hay inconveniente en que se lleven las desgastadas piedras ya que su deterioro es grande y su importancia como objetos arqueológicos, muy cuestionable. Por el contrario, las muestras de agua demostrarían que existe vida en mi planeta y los restos de la nave, les serían de una gran ayuda para construir otras mejores. Eso haría más frecuentes sus incómodas visitas y peligraría nuestra propia existencia. Con el corazón lleno de angustia, decido cuál va a ser la cuarta orden: La aniquilación de la vida de esos intrusos.
   Por ello, aprieto un botón y activo una especie de ojo verde del broncíneo robot. De éste sale un poderoso rayo que destruye un trozo de la metálica pared de uno de los módulos habitados por los terrícolas. Luego, entra en el interior. Las parpadeantes luces de los controles de la base, emiten destellos que se reflejan en su esférico armazón dorado. En su lento y silencioso caminar, entra en la habitación donde reposan dos de los intrusos. Uno de ellos, despierta violentamente. Debe ser aterrador tener frente a ti a una araña metálica de casi dos metros de alto, con ocho delgadas patas cuyo brillante ojo verde, como la esmeralda se dispone a lanzar su mensaje de muerte.
   El primero intenta levantarse, pero muere en el acto y cae desplomado en la cama. El segundo consigue escapar hasta la sala de control. El robot gira y su preciso rayo, le alcanza en el cuello. El hombre, también muere.
   Le queda muy poca energía a mi robot. Pero es lógico, ya que los casi 100 kilómetros de trayecto, han consumido buena parte de sus baterías. Por lo tanto, no es buena idea ir a por los otros dos astronautas. Así que decido plegar sus patas y dejarlo que se cargue, camuflado en el terreno.
   Cuando amanece, los otros dos intrusos entran en el módulo para reunirse con sus compañeros. Su aterrada conversación, es captada por mi robot.
 -¡Están muertos! ¿Me oyes? ¡Muertos! ¡Oh Dios mío! ¿Cómo ha podido suceder ésta tragedia?
-Cálmate Jim, todo tiene una explicación. Voy a echar un vistazo a las imágenes de la videocámara, para saber lo que ha pasado, pero por favor déjate de histerismos y tranquilízate.
   Está amaneciendo. El caluroso Sol, recarga las baterías del Metauro. Dentro de una hora, estará lo suficientemente cargado como para cumplir con la segunda parte de su òrden. En estos momentos, yace como un brillante juguete, cerca de la base de los hombres. Mientras uno de ellos mira las imágenes, el otro aguarda nervioso, vigilando con un martillo en la mano. Si llegara a encontrarse con mi robot mientras está en fase de carga, lo destruiría sin muchas dificultades. Por ello, aguardo impaciente a que pase el tiempo, mientras ellos pierden el suyo en vez de salir al exterior y buscar el peligro. Seguid así, queridos míos. Dentro de una hora, todo habrá terminado para vosotros ¡Marte debe sobrevivir!

(Según algunos autores de ficción, la palabra “terrícola” es una forma despectiva que tienen de llamarnos los habitantes de otros mundos).

sábado, 21 de abril de 2012

Aquella aborrecida ventana


Nací a principios de los años 60. Mi niñez estuvo muy marcada por una gran actividad física. Jugar al escondite, al fútbol, al coger, etc...También había algunos videojuegos en "Las máquinas de Paco" como llamábamos a la sala de recreativos de la época, en la que jugábamos con los "pinballs" y otros antepasados de los actuales videojuegos, como era el "Ping" creo que se llamaba, consiste en una pantalla negra con una pelotita y dos barras blancas, una por cada jugador. También estaban los "Futbolines de Andrés". Esos si que eran entretenidos. También veíamos la tele, en blanco y negro la mayoría de las veces, ya que el color nos cogió, cuando empezábamos a meternos en la adolescencia. Al empezar los dibujos animados, mi tía nos avisaba, dejábamos la pelota o lo que fuese, y a toda carrera, entrábamos a verlos. Cuando acababan, volvíamos de nuevo a jugar. 

Pero había un gran inconveniente. Las vecinas de al lado. Jugábamos en un barrio de viejas casas, y era frecuente que la pelota se nos "embarcara" en la casa cercana, en la que vivían tres o cuatro "viejas". Al menos, eso nos parecía a los niños, para quienes una persona que ya no estaba en edad de ir a la escuela y no tuviera hijos pequeños, era un miembro de la tercera edad

Cuando llenos de vergüenza, íbamos a pedir que nos dieran la pelota, solía salir una, que se llamaba "Regla", quien con muy malas pulgas nos la devolvía, amenazando con llevarnos a comisaría, o no devolvérnosla, si sucedía otra vez.

¡Y vaya si sucedía! Unas veces por imprudencia, y otras por mal cálculo, tarde o temprano, la pelota acababa en el patio de "Las Catulfas" como ya las llamábamos. Ese nombrecito de origen desconocido, se le ocurrió a mi primo, que harto de ser él, quien fuera a pedir la pelota, quedó en que la próxina vez, iría el responsable de la imprudencia.



A veces se quejaban con razón, puesto que no solo jugábamos a la pelota, sino que nos gustaba practicar puntería, o simplemente, tirar piedras al aire, para ver quién llegaba más alto. Una vez se quejaron, exagerando sin duda, diciendo que habíamos estado a punto de achocar a un niño ¡Pero si ahí, solo vivían varias viejas solteronas! Otras veces, venían de improviso, dando las quejas por haber tirado piedras, justo cuando no estábamos haciendo nada malo. Muchas otras, se asomaban por la ventana mientras jugábamos al fútbol, gritando porque estar dando balonazos a la pared.

Llegamos a aborrecer esa ventana. Cuando veíamos movimiento en su interior, el 90 % de las veces, era para asomarse y armarnos la bronca por algún motivo.

Haciendo honor a la verdad, una de las veces fueron de gran ayuda, pues en el casi tranquilo callejíon del cementerio por el que pasaban pocos vehículos, un día, unos adolescentes se pusieron a practicar con una ruidosa moto. En una de las vueltas se subía uno, en otra, otro. No solo armaban ruido, sino que no nos dejaban jugar a la pelota. Tras seis o siete vueltas, las "amables" ancianitas, se asomaron, armando gran estrépito y griteróa al chaval que iba montado. Este, comprendió que se había metido por mal sitio, se lo dijo a sus colegas y ya no molestaron más.

El tiempo pasó. Los juegos infantiles se acabaron. El barrio se quedó viejo. Las casas había que derribarlas. Una inmobiliaria se hizo cargo y empezó a construir. Han tenido numerosos problemas por culpa de la crisis. Esa ventana que tantas veces se abrió para que las moradoras de la casa (sobre todo, Regla) nos dijeran de todo, excepto "bonitos" ahora está abierta y desvencijada. Ya, nadie vive en esa casa. Las ancianitas; al menos dos de ellas, aún vivían a mediados del inicio de siglo. Una vez fui con mi madre por esos alrededores, pero no las reconocí. Mi madre sí. Se echaron a reír, cuando ella les recordó los viejos tiempos. Un día de éstos, las obras continuarán, y la ventana desaparecerá. Eso me habría encantado de niño, pero actualmente, no. Esa ventana es una de las pocas cosas que quedan en pie en ese barrio, en el que pasé una gran parte de mi adolescencia y niñez.   











jueves, 22 de marzo de 2012

Inauguración del blog


Esta es la primera entrada de éste blog. No es el primero que abro, ni mucho menos. Eso fue a finales de septiembre del 2.004. De ese blog aprendí una gran lección, que con el tiempo olvidé. Ahora ¡Casi ocho años más tarde! Intento recuperar el espíritu creativo de aquellos años. En junio del 2.004 sentí la llamada de la escritura y escribí relatos, sobre todo, de ficción. Abrí el blog, de "Blogia", precisamente, para promocionar mis obras. Pero el viejo blog no iba bien, sus servidores se bloqueaban; sobre todo, en verano. Los que abrí a continuación, si bien no eran malos, acabé descuidándolos, y no mantienen el espíritu blogero que yo pretendía.

Un saludo a todos los que pasáis por aquí.