sábado, 8 de julio de 2017

¿Enojado con Google Adwords?




No recuerdo si fue en el año 2.011, que fue muy movidito para mí, pero existe esa posibilidad. Acababa de recibir una carta de Google Adwords en la que se me invitaba a participar en alguna promoción que tuviera prevista. Se me informaba también, que pondrían a mi disposición, no sé si 40 euros gratis. Pero debía de hacerlo pronto, pues la oferta terminaba dentro de una semana, creo recordar.

Lo hice, pero el resultado fue desastroso. Los blogs en los que promocioné mis obras eran un caos. Para mi desesperación, sí que hubo visitantes, pero no parecían interesados. En cuanto a los euros gratis, me temo que fue una mala interpretación mía de lo que leí. Más bien podría decirse que era la típica oferta en la que si gastas cien, te regalo veinte. No recuerdo exactamente cuánto duró la promoción. Pero si fue entre cinco días y una semana.

Evidentemente acabé enojado con Google Adwords ¿Con razón? Con toda la razón, seguro que no. Para empezar, eso de tener el blog hecho un gallinero, fue culpa mía. Todo autor que se precie debe de tener un espacio presentable para promocionar sus obras, con o sin Google Adwords. No hacerlo equivale a montar un restaurante en una zona donde el alcantarillado huele mal con frecuencia ¡Hay que saber donde te metes! 

Ciertamente el manejo de Google Adwords puede llevar a confusión, pues las palabras claves pueden liarte. Afortunadamente, en Youtube hay unos excelentes tutoriales que te ayudan mucho.

Actualmente me pregunto si valdría la pena un segundo intento. Pese a mis dudas me inclino más al sí,que al no. Si no eres capaz de promocionar adecuadamente tus obras, es más que recomendable que recurras a los servicios de Google Adwords o de alguna empresa parecida. Ya sé que soltar dinero en internet es casi un sacrilegio. Nos hemos mal acostumbrado a tener muchas descargas gratis. Pero si lo piensas bien, con un poco de dinero puedes hacer mucho por esas obras que tantos esfuerzos, desvelos e ilusiones te han costado ¿Vas a permitir que caigan en el olvido? Tú decides.

jueves, 6 de julio de 2017

Blog casi olvidado


Tengo casi olvidado este blog. Hace unos meses que no escribo nada en él. Unas veces por no tener ganas, pero también porque al entrar, me salía una gran cantidad de publicidad indeseada. Me sugirieron que me pasara a Wordpress, pero ya tuve una mala experiencia, hace unos años. La distribución del menú no es de mi agrado y me lleva a confusiones. Además, tampoco voy a cerrar, tranquilamente, un blog con tantos artículos. Hay que averiguar las causas del spam. Podría ser un virus, pero también podría ser el navegador. Cambié el Mozilla Firefox por el Google Chrome, y de momento parece que va bien. Crucemos los dedos y recemos para que siga así.

lunes, 16 de enero de 2017

La chaqueta roja



Para mí, ocurrió hace poco. Pero fue en 1.982 ó 1.983, mientras hacía el servicio militar, que sucedió esta anécdota. Yo estaba destinado de ordenanza en la residencia de suboficiales. Nustra tarea consistía en cuidar las habitaciones de los suboficiales que estaban alojados, además de los estudiantes, parientes de militares, que también las alquilaban. Igualmente, les servíamos la comida a aquellos que se apuntaban para comer.

       Un día, buscando no sé que cosa en el pequeño cuarto trastero que teníamos en la sala que daba al comedor, vimos trapos viejos, algún que otro plato, detergente para vajillas, etcétera. Muy al rincón vimos una fea caja de cartón que contenía adornos navideños. Encima de ella había una arrugada vestimenta roja, descolorida, que nos llamó la atención.

       Detrás de nosotros estaba el subteniente o "Schuster", como lo llamábamos para abreviar, cuando no estaba delante. Era el encargado de administrar la residencia, y también de controlarnos para que hiciéramos las cosas bien hechas. Al ver la chaquetilla nos contó una historia.

       "Esa era de Antonio, un ordenanza que estuvo aquí, hace unos años. En la vida civil era mayordomo. Era muy trabajador y tenía mucho porte y elegancia. Tanto, que en la residencia de oficiales nos lo pedían para las ocasiones especiales y celebraciones militares. Aún lo recuerdo, callado, sujetando unas tazas de café, calientes, sin protestar. Esa chaquetilla se compró solo para él. También animaba a sus compañeros ordenanzas a esforzarse en sus ocupaciones y hacer las cosas mejor. Pero todo tiene su fin. Acabó el servicio militar y regresó a su casa. Se le echa mucho de menos".

       Desde ese día, a las habituales rabietas y reproches que nos echaba el Schuster, añadió otras en las que añoraba a mi tocayo, el licenciado mayordomo. La chaquetilla roja, imagino que acabó en la basura. Durante el tiempo que estuve en el cuartel, nadie se la puso ¿O tal vez, Antonio nunca existió, excepto en la imaginación del suboficial, que al ver la indumentaria roja, procedente de sabe Dios donde, se inventó la historia para darnos un ejemplo a seguir? A saber.