lunes, 17 de agosto de 2015

Mi relación con los móviles

Mi móvil, Galáctico

   Por increíble que os parezca, los teléfonos móviles no me llaman mucho la atención. Admito que son imprescindibles, pero se rumorea que usan una frecuencia peligrosa para la salud. Lo llevo encima porque no tengo más remedio.
   Debo añadir que el primer teléfono de ese tipo lo conocí muy temprano, allá por 1.982, cuando estaba haciendo el servicio militar. Imagino que sería Navidad, mientras disfrutaba del permiso. Estaba yo en la vieja mercería-droguería, ayudando a mis familiares. Entonces entró un viejo conocida al que llamábamos “El Gordo”. A este hombre le encantaba comprar cosas extravagantes. Ese día vino con una especie de walkie talkie, muy contento. Dijo que era un teléfono inalámbrico. Lo miramos con asombro. Me tomé la libertad de hacer una llamada. En cuanto noté que habían cogido el auricular, procedí a colgar.
   La persona que tuvo el “honor” de ser llamada por mí por primera vez desde un móvil, era “Mari Carmen la Bruja”. Su seudónimo no se lo puse yo. En aquellos tiempos nos llevábamos fatal. Es lógico que cuando un dragón amenace con atacar a una princesa, un caballero acuda a ayudarla. Pero cuando ves que la princesa se convierte en dragón, y ataca al caballero que pretende ayudarla, lo lógico es que la relación se deteriore, estrepitosamente.
   El Gordo dijo con amabilidad que no tenía inconveniente en dejarme hacer una llamada, que además no era gratis. (Eso no nos lo dijo, hasta ese mismo momento), siempre y cuando no fuera para hacer gamberradas. Mi ilusión inicial hacia el recién conocido teléfono inalámbrico desapareció en ese mismo instante. Ya no volvería a ver otro, hasta casi veinte años más tarde.
   En el 2.004, cuando me puse a escribir mi libro “Las aventuras de Star Gordo” me vi en un apuro. Los teléfonos móviles ya estaban de moda. Yo no tenía prisa por poseer uno, pero no sabía cómo funcionaban, y eso era clave para mi libro. Es imaginable que delante de los malos, el móvil del protagonista no emita ruido. Pero de alguna manera debe saber cuándo le llaman los colegas, y estos saber que los está llamando, sin que los villanos se enteren. Buscando por internet, mis dudas se disiparon rápidamente.
    Creo recordar que fue en el año 2.005 ó tal vez por el 2.006 cuando mis parientes me regalaron mi primer móvil. Era plateado. Me duró poco, debido a que en una tienda encontré una tapa roja del mismo tamaño, y quise darle un poco de color. La combinación de los colores rojo y plata siempre me ha gustado. Al cambiarla debí de hacer algo mal, porque dejó de funcionar. Estuve casi un año sin teléfono móvil. En 2.008 me regalaron otro, de color negro. Era tan modesto como el anterior. Aún sigue conmigo en uso activo. Lo uso poco.
   Antes solía llevar una mochila, de vez en cuando, cuando iba a la biblioteca, o a comprar alguna cosa. Ahora es mi compañera inseparable porque no me gusta llevar el móvil en el bolsillo. Cuanto más apartado de mí, mejor. De camino llevo una botella de agua por si me entra sed, y algunas otras cosas.
   En internet leí una curiosa noticia que decía que los servicios secretos usan las funciones de los teléfonos móviles de los ciudadanos sospechosos para espiarlos mejor. Eso me hizo sonreír al tiempo que me recordó una serie de ficción llamada “Galáctica” de la que se hizo dos versiones. En su versión de 2.003 aproximadamente, los “cylones” logran introducir unos virus que inutilizan las grandes naves de los terrestres. Indefensas, son destruidas con facilidad. Solo se salva “Galáctica” que ya iba camino del desguace, por haberse quedado obsoleta y no disponer de internet. Evidentemente, pasó a ser nave capital tras la destrucción de las otras.

   Si siguiera las costumbres de los visigodos, a los que les gustaba bautizar las cosas inanimadas, mi móvil actual se llamaría “Galáctico”. No tiene internet, Wattsap ni grabadora. La batería está con frecuencia en baja carga. Si alguien me quisiera controlar mediante el móvil, quedaría profundamente decepcionado.    

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