jueves, 25 de abril de 2013

Salambó, un libro que yo no debería tener




   Salambó, del escritor francés "Gustave Flaubert", teoricamente, no debería tenerlo en mi estantería. Eso se debe, a que se mezclan sentimientos como el amor, pasión, odio y celos. Semejante temática no puedo decir que sea de mi agrado. Bastante mal lo pasé, de pequeño cuando los reyes magos me regalaron los "Cuentos", de Oscar Wilde, que me hicieron llorar frecuentemente; pues el autor reflejaba como nadie, en relatos como "La rata de agua, el príncipe felíz o la historia del estudiante enamorado", como la vida es cruel, y la gente es de lo más desagradecida y mezquina. Con eso tuve bastante, y desde entonces evito leer libros de temática parecida.


   Salambó está ambientada en un suceso real de la antigüedad; la guerra de los mercenarios. Y eso es lo que me interesa. Para entender la historia hay que remontarse a la larga primera guerra púnica, que duró más de veinte años. La perdieron los cartagineses, que eran aficionados a crear grandes ejércitos de mercenarios. Estos pidieron lo que se les debía. Pero las autoridades pensaron que esos hombres tenían prisa para ir a sus casas con sus seres queridos, y les pagaron mucho menos de lo que se acordó. Los furiosos mercenarios se amotinaron. Hubo negociaciones. El general Amilcar Barca se comprometió a pagarles de su propio bolsillo, si desistían de su actitud.

   Los mercenarios estaban formados por guerreros de diversas nacionalidas; griegos, celtas, iberos y norteafricanos (libios y argelinos).

   Amilcar era hombre de palabra. Muchos mercenarios habían luchado con él, y sabían que la cumpliría. La proposición sentó bien a una parte de los mercenarios. A los norteafricanos, que eran el 50 % de las fuerzas, no. Ellos, en su mayoría, más que mercenarios eran rehenes de tribus leales a Cartago, o esclavos reclutados a la fuerza, pero con derecho a paga. Más que cobrar, lo que les interesaba era destruír Cartago, pues temían, y con razón, que tras la guerra, los cartagineses los saquearan, y así compensar los gastos de la contienda. Por ello, apelaron al compañerismo de los mercenarios de las otras nacionalidades para que les apoyaran en su lucha. Incluso propusieron matar, cruelmente, a los mensajeros como prueba de que no se iban a echar atrás. Entre ellos estaba un militar llamado "Giscón", gran amigo de Amilcar. 

   Hubo disputas entre ellos. Unos solo querían cobrar lo que se les debía, y marcharse, incluso les parecía indigno matar a los mensajeros. Los norteafricanos se salieron con la suya, matarón a Giscón, a los mensajeros, y a los mercenarios que no los apoyaban abiertamente. Informaron a Amilcar de lo que habían decidido, e incluso dijeron que darían el mismo trato al que cayera prisionero. Este replicó con la misma moneda. La guerra de los mercenarios acababa de comenzar. Duró tres años, y fue dura y muy sangrienta.

   El libro narra la obsesión lujuriosa de "Matho" uno de los cabecillas mercenarios, con una hija de Amilcar (Salambó). Gustave Falubert se inspiró entre otras fuentes, del historiador griego, "Polibio". Y se esmeró mucho en crear el entorno del siglo tercero antes de Cristo. Hago saber que en Cartago, nombres como "Amilcar, Asdrúbal, Giscón, Aníbal...." eran de uso muy común, como podrían ser; Pedro, Juán o José; por lo que no es difícil confundirse. Tampoco existían los apellidos, a menos que el personaje fuera muy popular. Ese es el caso de Amilcar, apedillado "Barca" (Rayo) por su audacia guerrera. El libro lo encontré baratito en un mercadillo, y lo compré hace algunos años.